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¿Por qué nos gustan tanto las carreras de calle?

Foto:carreras de calle

Mis padres viven en Santos. Y allá existe una de las carreras de calle de 10K más famosas del mundo: es cara, es internacional y varios keniatas aparecen siempre para intentar ganarla. Se lleva a cabo en mayo, larga unas 8.30hs, ya con bastante calor, como si estuvieses corriendo en el centro histórico de alguna ciudad de Senegal. Participé de esa carrera unas tres o cuatro veces.

En una de esas oportunidades, le pedí a mi papá que me llevase hasta la largada, porque me daba fiaca ir en colectivo, sinceramente. Él se levantó lentamente del sofá, se acercó hasta la ventana y me dijo:

-¿Vos vas a correr en la calle, no? Entonces, lo único que tenés que hacer es bajar por el pasillo, abrir el portoncito y correr, no necesitás que te lleve en auto a ningún lado. 

 

Finalmente, me llevó. En 15 minutos, yo estaba en la largada y mi papá volviendo para casa. 

En parte, lo entiendo a mi padre. ¿Cuál es el sentido de pagar para correr en la calle, es que es lo que cualquier corredor hace unas tres veces por semana? Y otra: te limitás a un circuito, tenés que andar a los codazos con unas mil personas (como mínimo), casi siempre terminás pasando sed y, sacando a aquellos monstruos de la elite que se suben a todos los podios, lo único que vas a ganar es una medalla igual a todas y un “gracias por venir’. 

¡Ah, pero hay un público que te va a aplaudir, te va a alentar y te empujará hasta la meta! Sí, es verdad, allá en la Maratón de Nueva York, la de Boston o la ultra de Comrades, en Sudáfrica. En el resto, no nos engañemos, es soledad, vacío en el pecho, nada genial. Entonces, ¿por qué nos gustan las carrera de calle? ¡Porque están buenísimas, por qué va a ser!

 

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Está bueno levantarse a las 5 de la mañana de un salto, cosa que no hacés ni para ganar guita. 

Está bueno ver un montón de personas creyendo en los mismo que vos creés: que el running te libera. 

Está bueno probar tu pace, ser pasado por otros, pasar a otros tantos y llegar entero o con las tiras hasta el final. 

 Está bueno ver las zapas que los otros usan.

Pero está más bueno todavía ver personas usando abrigos en los brazos, en las piernas, gorrita, gafas, mochila de hidratación, cuatro tipos diferentes de gel, cremas para no pasparse, medias de compresión, riñonera. Todo eso en una misma persona. ¡No te la podés creer! 

Escuchar el ruidito de los vasitos de agua siendo pisoteados por los pies de los corredores durante el recorrido.

Ver ese grupo de personas corriendo, más o menos parecido, al mismo ritmo, como si fuesen zombies. Porque un poco zombies son, ¿no? 

 Sentir por momentos olorcito a pomada, por momentos olorcito a chivo. 

 Si nunca hiciste una carrera de calle, este es el momento de intentarlo. 

Si ya hiciste miles, prestá atención a los detalles, que son lo mejor de cualquier carrera.

Ah, y si te lo encontrás a mi viejo, decile: “Don Haroldo, tenés toda la razón. Pero, de cualquier manera, a nosotros nos encanta correr carreras de calle, ¿nos llevás hasta la largada?”. Con toda seguridad, él los llevará. 

 

*Esta columna pertenece a Anne Dias, del blog de Anne Dias, en nuestra página ativo.com

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