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Mindfulness (o atención plena) aplicado al running

El mindfulness, o atención plena, es una práctica que está basada en un tipo de meditación budista y desprovista de cualquier misticismo o significado religioso. Consiste en observar ciertas sensaciones corporales sin juzgarlas ni reaccionar a ellas con ningún pensamiento, sentimiento o emoción. Veamos mindfulness aplicado al running. 
 
La práctica de mindfulness se centra en tres ejes fundamentales: Atención Plena (Concentración), Intención (Motivación, Motivos, Propósito) y Actitud (Espíritu); está destinada a enfocarse en el presente, aceptándolo tal y como es.
 
Ocurre que el deportista, en la práctica de su actividad, muchas veces se siente amenazado o aturdido por sus propios pensamientos y exigencias constantes a sí mismo para rendir cada día un poco más, sin atender a las necesidades propias del cuerpo. Esta lucha muchas veces se vuelve un círculo interminable de caprichos en donde es tanta la energía mental absorbida que el cuerpo termina agotado.
 
 
 
 
Prestando atención a lo importante, a nuestras funciones básicas y habilidades físicas para realizar el deporte, ya estamos tomando contacto con la posibilidad de optimizar y perfeccionar. La atención plena te permite percibir movimientos, registros físicos y la fuerza que está dormida o automatizada por la exigencia o bloqueo del cuerpo que influye desde lo mental.

Beneficios

Son numerosos: Amplía la capacidad de la atención plena y claridad en el presente, la concentración y el flujo de motivación; disminuye los niveles de ansiedad; mejora la gestión del dolor, estados de incomodidad y emociones.
 
El frenético ritmo de vida actual nos lleva a ir a contrarreloj, a las corridas hasta para hacer las actividades que más nos gustan, como practicar deportes. A veces ocurre que este vivir constantemente “a full” lleva a querer realizar muchas actividades a lo largo del día para buscar una sensación de productividad, lo que lleva a un estado de “burn out” corporal, en el que la cabeza quiere seguir pero el cuerpo no ayuda (y viceversa). Esto lleva a agotar los niveles de disfrute de algo que en principio se realizaba con felicidad y ganas.
 
Números estudios científicos comprueban que muchos síntomas, patologías, lesiones físicas constantes y hasta la muerte súbita están íntimamente relacionados con los niveles de estrés, la prisa y las presiones psicológicas.
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