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Valentina Cha: De cero al Mundial de Trail en 5 años

Foto:valentina cha

Un contacto ocasional con Valentina Cha puede confundir. Bajita, delgada, de mirada algo tímida y voz aniñada, dueña de un tono suave y con la cadencia amable del norte argentino, no da pistas sobre la fortaleza física y mental que se activan en cuanto se pone en movimiento, especialmente en la montaña. Pero no se dejen engañar: en cuanto se larga a correr es una fuerza de la naturaleza, potente y constante, que no se detiene hasta haber conseguido su objetivo.

Tan potente es la energía que se libera cuando Valentina corre que en sólo seis años pasó de no haber corrido nunca a estar preparando su segunda incursión en la mítica y deseadísima Ultra Trail du Mont Blanc, la meca de los corredores de trail, el destino añorado y, para la mayoría, inalcanzable. Como si fuera poco, la salteña de veinticinco años también debuta este mes como representante nacional: integra el seleccionado que participa del Campeonato Mundial de Trail en Badía Prataglia, una pequeña comunidad italiana de menos de mil habitantes, ubicada dentro de un parque nacional en la región de la Toscana.

En 2011, luego de muchos años de vivir en Buenos Aires, Natalia Suppa regresó a su Salta natal y llevó consigo lo mejor que conservó de su vida porteña: el running. En la provincia norteña este deporte no era habitual, no existían grupos de entrenamiento específicos y las pocas personas aisladas que se observaban corriendo en las calles carecían en general de herramientas y conocimientos sobre la actividad. Fue ella la que fundó KAS, el primer running team de la ciudad. Una amiga en común entre Natalia y Valentina, la triatleta Delfina Álvarez, las puso en contacto y todo comenzó.

 

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“Yo había jugado antes al tenis, pero no tenía idea de que correr era un deporte en sí mismo, sólo lo veía como algo que se hacía dentro de otros deportes. Nunca lo había pensado como una actividad independiente. No conocía nada, no sabía lo que era el trail. Me sumé por curiosidad, me atrajo la posibilidad de hacerlo en grupo, pero no tenía ni idea. Corría con zapatillas de tenis…”, reconoce Valentina, que hoy es una de las entrenadoras a cargo del grupo y, como KAS no sólo es running team sino también un organizador de carreras (lleva adelante dos interesantes propuestas: Sanlo Trail y Calchaquí Trail, ambas en Salta), colabora en las distintas tareas que el armado de una competencia requiere.

Desde chica tuvo una relación cercana con la naturaleza, y siempre se sintió más a gusto yendo al campo o a la finca de sus padres que estando en medio de la ciudad. El trail running le permitió conectarse de una manera diferente con el riquísimo entorno natural de Salta: “Siempre apunto hacia la montaña. Probé correr en calle pero no me enganché para nada. Disfruto estando en medio de la naturaleza. Desde que corro conocí lugares nuevos, incluso en Salta incluso. Mucha gente, entre la que yo estaba, no conoce todos los cerros que rodean Salta, y son impresionantes. También corrí muchísimo por el sur y por Córdoba. Creo que ni la gente que vive en esos lugares conoce todos esos senderos por los que pasé y todo lo que hay en la montaña”, asegura. Confirmado: el running es la mejor forma de conocer lugares.

De cero a 170

Sólo dos años después de comenzar a correr, Valentina corrió, con Natalia como compañera, el célebre Cruce de los Andes, atraída por la experiencia de pasar de un lado a otro de la cordillera a pie, haciendo alrededor de cien kilómetros en tres días de competencia. Fue su primera gran experiencia en este universo y, aunque en ese momento quedó deslumbrada, quedó chica ante todo lo que vino luego.

En 2015 pasó por primera vez más de un día entero corriendo, cuando necesitó de treinta y siete horas para terminar La misión, la tradicional prueba de trail de ciento sesenta kilómetros que se realiza en San Martín de los Andes. Ese año alcanzó los puntos necesarios para ser parte de la carrera a la que todos quieren ir, el Ultra Trail du Mont Blanc, una durísima prueba de casi ciento setenta kilómetros y poco menos de diez mil metros de desnivel positivo en los Alpes, cruzando territorio francés, suizo e italiano. También con Natalia como compañera, completó la competencia en cuarenta y cuatro horas.

– Nunca en mi vida me imaginé que iba a correr tanto, ni yo lo puedo creer cuando me lo pongo a pensar. Cuando conocí a Nati ella nos hacía salir a entrenar diez kilómetros y me parecía una locura, no me entraba en la cabeza esa distancia. Es loco, un corredor no asimila las distancias igual que los demás. Ahora corrí varias veces cien kilómetros, ochenta, ciento sesenta, un montón de distancias más largas y pareciera que se vuelve común, pero no lo es. Respeto todas las distancias, todas las carreras, porque todos los kilómetros son importantes. No subestimo para nada ni una carrera de veintiún kilómetros.

– Algunos en el trail dicen que al terminar una ultra te convertís en una persona diferente a la que largó, ¿lo sentís así?

– No sé si sos diferente, pero correr ultra es distinto. En las distancias cortas solamente está el físico, y un poco la cabeza. Pero en las distancias largas es donde más influye la cabeza, donde se pone a prueba. Estás muchas horas corriendo, pasás una noche sin dormir, sola en medio de la naturaleza, con frío. Pensás un montón de cosas. Estás con vos misma, y eso es diferente. Es más que algo simplemente físico.

– ¿Es difícil pasar tanto tiempo con uno mismo?

– Es una experiencia distinta. En la vida cotidiana nunca estás solo y exigiéndote de esa manera. No sé si sos otra persona, pero son desafíos, experiencias en las que la cabeza y el cuerpo llegan al límite. Son aventuras. El cuerpo y la cabeza pasan por todos los estados: estás bien, estás mal, eufórico, bajón… Todo. Hay momentos en los que me pregunto “¿qué hago acá?”, y por ahí cuatro horas después, cuando debería estar más cansada, es al revés: estoy nueva y quiero correr hasta terminar. Pasa de todo en esas horas.

– Ese insistir a pesar de haber querido abandonar, el poder sobreponerse a esas situaciones, ¿sirve para otros ámbitos?

– Totalmente. Yo creo que estar cuarenta y cuatro horas sin dormir, corriendo, me hace más fuerte en la vida. Me hace ver que mi cabeza siempre puede, me hace crecer y valorar muchas cosas.

Un año intenso

A comienzos de año, Valentina se marcó dos grandes checkpoints: el regreso a Mont Blanc en agosto y recibirse de contadora pública. Ambos objetivos le organizaron los días, que se reparten entre estudiar, correr y pasar tiempo con su novio y su familia. En esa distribución de tiempos, correr siempre estuvo lejos de ser un inconveniente: “Me ordena, hace que sea más eficiente. Al tener poco tiempo para estudiar o para otras cosas, aprovecho más cada momento”.

En eso estaba cuando, en su casa, entró a chequear el mail y en su casilla resaltaba un mensaje de la Asociación Argentina de Ultramaratonistas que le anunciaba que fue seleccionada para ir al mundial. “Contesté el mail aceptando la convocatoria y me agregaron al grupo de whatsapp con los chicos del seleccionado. Fue una sorpresa increíble y un orgullo tremendo, porque admiro a todos los atletas convocados y ahora estoy a la par de ellos. Es buenísimo”, dice orgullosa.

Pero, como sucede muchas veces con el deporte amateur en nuestro país, la invitación es al mismo tiempo un halago y una complicación, porque el mail de la Asociación cerraba con una aclaración: ellos no cuentan con los fondos suficientes, por lo que los atletas tienen que costearse el viaje a Italia. Con suerte, si hay viento a favor, se les podría solventar el alojamiento, por medio de un sponsor, aunque eso no está confirmado aún.

Ahí comenzó otra carrera, en este caso de recaudación. Primero apareció un subsidio de la Secretaría de Deportes provincial que, aunque no llega a cubrir el costo de los pasajes, suma. Luego comenzaron a caer mensajes y colaboraciones privadas, y Valentina se encontró emocionada ante los gestos que excedieron sus expectativas: “Recibí muchos mensajes de gente desinteresada que me quiere apoyar. Son mensajes muy lindos, me hicieron muy bien. Siento que hay mucha gente buena dispuesta a ayudar con total desinterés. Me motivó mucho, porque sé que detrás de esto hay mucha gente que quiere que nos vaya bien”.

Disfrute

Todo sucedió rápido desde que Valentina comenzó a correr, pero no lo pasó desapercibido. A pesar de su espíritu competitivo, del nivel que alcanzó, conserva una calma que le permite disfrutar de lo que la rodea.

– Yo siempre doy todo en cada carrera y en cada entrenamiento, me exijo mucho, pero soy bastante tranquila en mi vida. No pienso mucho en ganarles a los demás, sino en hacer mi mejor carrera, y creo que por eso me va bien. A mí me gusta disfrutar de los circuitos. A veces es difícil, porque cuando estás peleando contra tu cabeza y tu cuerpo no te importa el paisaje, pero otras veces podés levantar la cabeza y mirar. Son paisajes tremendos, alucinantes. Por eso me gusta el trail. Es cuestión de levantar la cabeza un segundo. No se pierde nada y se disfruta muchísimo.

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