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Reclamo español y polémica por la acción de los hermanos Brownlee

La imagen de Alistair Brownlee ayudando a su hermano Jonathan, casi desvanecido, a terminar el triatlón de Cozumel, impacta y emociona. Pero, donde muchos ven un gesto de camaradería, solidaridad y lealtad, otros observan una actitud antideportiva y peligrosa.

La Federación Española de Triatlón reclamó la descalificación de Jonathan por no haber llegado a meta por sus propios medios, ya que su segundo puesto le valió también el subcampeonato mundial, relegando a Fernando Alarza al tercer lugar del podio (y estuvo cerca de quitarle también el título a Mario Mola).

Sobre el tema, Alarza (quien dijo que alguna vez sufrió algo parecido a lo de Jonathan), argumentó en una entrevista con el diario Marca:

Se está hablando de un momento heroico pero yo no lo veo así del todo. A mí me da igual en este momento ser 2º o 3º, pero creo que la salud de Jonathan corrió peligro y Alistair no debió haberle forzado. Fue algo peligroso que no hay que tomar como ejemplo y aunque vaya a pasar a la historia no es la mejor vidriera para nuestro deporte. Creo que es una situación a evitar. Los hermanos Brownlee ya han llegado a ese límite varias veces y no sé si es un buen ejemplo. Parece que a Alistair le importaba más ganar el Mundial que su propio hermano.

Aunque el reclamo español fue desestimado y las posiciones finales se mantendrán inamovibles, la polémica continúa. El blog Senkirol realizó un interesante punteo de razones por las cuales considera negativa la acción de los Brownlee. Detallamos aquí los principales puntos esgrimidos para considerar un error el accionar de Alistair:

  • Efecto sobre la competición: Parece claro que si Jonathan que iba en primer lugar hubiese estado compitiendo sin la presencia de su hermano, habría quedado parado a 200 metros de meta completamente desorienatado. Su desvanecimiento no es, cómo asegura el español Mola, porque ante tanto esfuerzo “su cuerpo desconectó”. Esto no va así y lo veremos más adelante. Su desvanecimiento es causa de un esfuerzo desmesurado y no asimilado correctamente por su organismo. Es un error táctico en el empleo y distribución de sus energías, un error de cálculo, una apuesta exagerada que lleva al traste con las intenciones deportivas de la victoria. Nunca debía haber ganado, como no ganó. Y nunca debía haber pasado la meta, y sí la pasó. Jonathan erró en su planteamiento, y Alistair, en su acción que adultera el resultado de la competición. Mil puntos de diferencia en la clasificación general tienen la culpa. Ahora bien, ¿qué va a ocurrir en la competición amateur en adelante ante un caso similar?. La respuesta es clara, todos somos Alistair, todos a ayudar. Esto no es lo correcto y lo veremos claramente más adelante. El efecto sobre la competición es claramente negativo.
  • Efecto sobre el deportista ayudado: El organismo está diseñado para la supervivencia. La ausencia de oxígeno en el cerebro es un estímulo tan poderoso que lleva al deportista a detenerse, a disminuir el gasto en todo lo posible para que las neuronas sobrevivan. Sin vida cerebral no hay nada. Pues bien, en esas estaban las células del menor de los Brownlee cuando llega el hermano y lo vuelve a activar, vuelve a disminuir la entrada de oxígeno en el cerebro de Jonathan y le impulsa a meta. Las imágenes con los ojos perdidos de Jonathan son espeluznantes. ¿Y si hubiese fallecido tras su acción?. El deportista que en una situación de anoxia pierde el control de su sistema muscular, de su capacidad de reacción, debe ser ayudado a recuperar dicho control, dicha capacidad. No hay que incrementar su agonía, ni 200 metros, ni 100, ni uno.
  • Efecto sobre el aficionado al deporte: Nuevamente estamos ante un caso de épica en el deporte erróneamente interpretado. Ahora tenemos que hacer labor pedagógica para enderezar este entuerto. Nunca, nunca jamás se debe hacer esto cuando veamos a un deportista tambalearse. El aficionado necesita de estos gestos para “inspirarse” en sus entrenos y sus retos, pero no se da cuenta de lo desencaminado que va. Solo van a prolongar el mal que ya se ha implantado en el organismo del afectado. Actuemos con eficacia y conocimiento.

Lo que hay que hacer en estas circunstancias

El blog mencionado propone lo siguiente:

Ante una situación de desorientación es prioritario tumbar al deportista, ya solo con esta acción estamos favoreciendo la irrigación cerebral.

Bajarle la temperatura, aplicar agua, pedir ayuda a la organización, hielo.

Llamar a emergencias. Si no hay respuesta a estos dos gestos sencillos y persiste la desorientación, pérdida de conocimiento, habla errática, etc, agarrar el celular que todos debemos llevar y llamar a emergencias y determinar nuestra posición solicitando la ambulancia con la finalidad de trasladar al deportista afectado.

Iniciar las maniobras de resucitación. Si en el plazo de haber pedido ayuda y la llegada de la misma podemos certificar la ausencia de respiración y no responde normalmente, debemos iniciar el masaje cardiaco, las maniobras de resucitación. Esto no es fácil y todos deberíamos asistir a cursos de primeros auxilios para poder adoptar la postura correcta a la hora de hacer las maniobras de resucitación, su ritmo y sus puntos de comprobación.

Nunca hay que animarlo a continuar.

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