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LIBRO: Bici Zen, el ciclismo urbano como camino

Un relato del periodista argentino Juan Carlos Kreimer que recopila desde hace varios años materiales sobre el andar en bici, el auge del ciclismo urbano y las similitudes que esta práctica establece con las enseñanzas del Zen (escuela budista – meditación).

 

Sinopsis:

La tapa del libro.
La tapa del libro.

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Encontrar el ritmo de la respiración. Hacer sin hacer Solo lo imprescindible. Permitir que ocurra. Mantener la presencia mental. Facilitar el flujo de energía. Simplemente andar. Detrás del auge del ciclismo urbano, determinado por la necesidad de una movilidad sustentable y alternativa frente a los medios tradicionales de transporte, subyace un acto más primordial y no menos urgente: experimentar y gozar de un tipo de vivencia cercana a la meditación.

En ese sentido, el zen parece haber sido especialmente diseñado para que el ciclista comprenda lo que ocurre en su cuerpo, en su mente y en ese ámbito de sí mismo donde no llegan las palabras. Entonces, algo tan sencillo como pedalear se vuelve otro viaje, una auténtica práctica de reencuentro con una naturaleza más íntima.

Bici zen: un libro vital, sensible, y a la vez un manual que incluye ejercicios e instrucciones de uso para andar, pero también para dejarse llevar.

¿Dónde comprarlo?

 

Fragmento del libro: La curva de la espalda

El tema del apoyo y la inclinación involucra tanto a la cintura como a la espalda, el cuello, las costillas y los pulmones.

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Compensar el peso desplomándose hacia adelante a partir de la cadera es el camino más corto a un dolor en las vértebras lumbares. Para compensar esa articulación forzada en la cadera, que obliga a encorvar la espalda y meter el cuello entre los hombros, a los ciclistas urbanos suele sugerírseles inclinarla apenas como para alcanzar el manubrio y quebrarla levemente hacia atrás en la parte más baja, sacando un poco de cola, aflojando la panza y abriendo el diafragma. O, como se dice a los que recién empiezan a meditar, bascular levemente la pelvis hacia delante.

Al arquear la espalda, comprimimos también nuestra parte frontal, lo que dificulta el movimiento de las costillas y la respiración. De las costillas flotantes, en la parte inferior de la caja torácica, obtenemos el máximo oxígeno con menos esfuerzo. Estos pares de costillas están unidas a la columna por la espalda, pero libres en su zona frontal. Pueden moverse mucho más que las superiores, fijas por ambos lados. Al comprimirse los músculos accesorios de la respiración –aquellos que intentan levantar y expandir la parte alta de la caja torácica– obtenemos una respiración superficial.

Todas las técnicas coinciden en la conveniencia de relajar los músculos del cuello y equilibrar el peso de la cabeza sobre las vértebras cervicales. También en llevar los brazos levemente recogidos. La postura resultante no requiere arquear el cuello hacia atrás para poder mirar al frente y permite observar el camino sólo moviendo los ojos.

Se desaconseja andar con el cuello demasiado extendido hacia adelante, con un arqueo lumbar demasiado marcado y como abrazado al manubrio. Para sentirse cómodo y al mismo tiempo seguro, lo eficaz es mantener la espalda sin curvaturas acentuadas y los brazos a 45o en relación a la línea entre el asiento y el manubrio.

Si nuestra bici tiene las proporciones adecuadas, podemos realizar un ejercicio sencillo para darnos cuenta de lo que supone tener la cabeza, la espalda y el cuello alineados. Consiste en ir con la bicicleta a una calle tranquila y una vez allí soltar las manos del manubrio, dejando que todo nuestro peso recaiga sobre el asiento. Este ejercicio permite hacer consciente cómo el equilibrio de la cabeza (que también depende de un correcto tono muscular) es fundamental para el equilibrio general de la bicicleta. Cuanto más permitimos que el peso de la cabeza se transmita a través de las vértebras cervicales y de toda la longitud de la columna hasta el asiento, más estable rodará la bicicleta.

Al comprobar que esas tres partes funcionan como una unidad integrada, relajar la parte superior del cuerpo e inclinarla levemente hacia adelante desde las articulaciones de la cadera, lo primero que percibimos es que el movimiento de las piernas “ocurre” en el juego de las articulaciones de la cadera. Si no trabajan con comodidad desde ahí, el esfuerzo se desplaza hacia arriba a través del cuerpo. Consecuencia: tensión innecesaria y tirantez alrededor de los hombros y los brazos, en el cuello y en la mandíbula, y, desde luego, en la caja torácica y la respiración.

El tejido muscular tiene una memoria notable y los hábitos de movimiento están profundamente arraigados en la estructura muscular. Estos hábitos establecen una relación tan estrecha con cada uno que forman parte de nuestras respectivas personalidades. Tanto que ni siquiera somos conscientes de ellos. Imposible cambiarlos de un día para otro. En ninguna casa de repuestos se consiguen hábitos positivos. Sólo reconociendo nuestras formas de andar podemos incorporar ajustes leves, progresivos. La práctica se encarga del resto.

(Bici Zen, págs 147-149).

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