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Maratón de Amterdam: ¿Cómo es ser liebre de los atletas africanos?

Maratón de Amterdam: ¿Cómo es ser liebre de los atletas africanos?

El pasado domingo 15 de octubre se celebró el famoso Maratón de Amsterdam y yo estaba ahí, entre la élite

El maratón holandés es de los más rápidos del mundo, y eso que no forma parte del selecto grupo de las World Marathon Majors. El buen hacer de los organizadores consigue, año tras año, tener una densidad de atletas de primer nivel abrumador. Pero este éxito no es producto de la suerte y aquí os cuento cómo se cocina una maratón para que salga así de bien.

El miércoles 11, cuatro días antes de la maratón, 16 atletas kenianos y yo partimos desde el aeropuerto Jomo Kenyatta, de Nairobi. Otros atletas, los que tenían que estar presentes en la conferencia de prensa, partieron un día antes.

Al llegar a Schipol (el aeropuerto de Amsterdam), varias furgonetas nos esperaban para trasladarnos al Westord Fashion Hotel, estratégicamente situado entre los parques de Rembrandt y Vondelpark, para que los corredores pudiéramos entrenar a placer.

Al llegar al hotel, las habitaciones eran distribuidas y se informaba de una hospitality room donde siempre había agua, fruta, bebidas isotónicas y personal de la organización para solucionar cualquier duda. Justo al lado, además, se encontraba el servicio de fisioterapia con tres fisioterapeutas disponibles para descargar las piernas cansadas del viaje o incluso solucionar pequeñas molestias que surgieran a última hora.

Los días previos a una maratón son siempre monótonos: se trata de descansar y de no agobiarse. Así que hasta el sábado no hubo nada nuevo que reseñar. Por la tarde se celebró la reunión técnica en un salón del hotel: información sobre la meteorología, el ritmo de las liebres (ahí me nombraron a mí, con el dorsal 95 capitaneando el segundo grupo de mujeres pasando el medio maratón en 1h12m30s), el funcionamiento de los avituallamientos y qué atletas top recibirían la bebida en mano mientras el resto lo cogeríamos de las mesas señalizadas, etc.

Por la noche, durante la carga de hidratos, incluso se pudo cenar ugali (algo similar a la polenta que es el plato más habitual de la dieta keniana). Fue Mike Mutai, liebre del primer grupo de las chicas, el encargado de viajar desde Kenia con la harina necesaria y prepararla en la cocina del hotel. Luego nos fuimos todos a dormir.

 

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A las seis de la mañana del domingo empezaron a sonar los teléfonos de las habitaciones; los organizadores no querían que nadie se durmiera por lo que utilizaron el wake up call por si acaso.

El desayuno estaba listo y a las 7:30 un par de autobuses nos llevaron al estadio olímpico, punto de salida y llegada de la carrera. Una habitación para los hombres y otra para las mujeres servían de vestuarios y zonas de descanso hasta que fue la hora de calentar.

Calentamos, nos preparamos y a las 9:30 empezó la carrera. Mi trabajo era sencillo: tenía que guiar a las chicas y a otras dos liebres a ritmo de 3m26s por kilómetro hasta la media maratón y, a partir de ahí, negociar los esfuerzos y decidir si las liebres nos dividíamos.

Después de un inicio algo lento debido a los muchos giros del comienzo y los cruces con los raíles del tranvía, llegados al kilómetro 5 conseguimos un ritmo de crucero que ya no abandonaríamos.

La orilla oeste del río Amstel (del kilómetro 15 al 20, más o menos) tenía el viento de cara y limitaba un poco el ritmo, pero la orilla este (del 20 al 25) lo tenía a favor y aceleró el grupo. Pasamos la media maratón en 1h12m28s clavando el ritmo previsto y llegamos juntos hasta el 30.

A partir de ahí, Gladys Chesir quiso acelerar y decidí que una de las liebres se fuera con ella mientras la otra se quedaba con Viola Kibiwot y Azmera Abreha. Yo, que ya empezaba a notar la fatiga en las piernas, me lo miré de lejos durante un par de kilómetros y me paré en el 32 contento del trabajo hecho.

Marc, con el equipo keniano

Pocos minutos después apareció por detrás un coche escoba para los corredores élite que me recogió y me llevó al final de la carrera. Ahí me enteré de los resultados de los ganadores y pude reponer fuerzas hasta que fue la hora de regresar al hotel, comer, compartir experiencias y visitar de nuevo la habitación de los fisioterapeutas para conseguir una muy necesaria descarga de piernas.

A partir de ese momento y hasta el lunes por la noche, cuando nos llegó a nosotros el turno, los atletas fueron poco a poco abandonando el hotel y llevados al aeropuerto para regresar a sus casas.

Unos más contentos que otros pero todos bastante satisfechos en general porque se batió el récord masculino del circuito (2h05m09s), el récord holandés en hombres (2h08m16s) y se consiguió un importante número de marcas personales.

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Nota de la redacción: De las tres corredoras que se mencionan, dos hicieron podio y una quedó cuarta en los resultados finales de la carrera. Gladys Chesir quedó segunda (2h24m48s), Azmera Abreha quedó tercera (2h25m23s) y Viola Kibiwot se hizo con el cuarto lugar (2h25m31s).

Los textos, informaciones y opiniones publicados en este espacio son de total responsabilidade del autor. Por ende, no corresponden, necessariamente, al punto de vista de Activo.news

Sobre el autor

Marc Roig

Es fisiólogo, maratonista y liebre. Vive en Kenia desde hace año y medio. Ha trabajado con atletas como Eliud Kipchoge o Kenenisa Bekele, además en los proyectos Sub2, de Yannis Pitsiladi... VEA MÁS

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