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Breaking2, Boston y los récords mundiales de maratón

Con una puesta en escena sin precedentes para esta disciplina, una campaña impecable y un espectáculo acorde a la expectativa generada, Nike sacudió al mundo del maratón el fin de semana con su exhibición Breaking2, en la que finalmente los atletas seleccionados no consiguieron cumplir el objetivo máximo de recorrer los 42.195 metros en menos de dos horas, pero sobrepasaron con creces la meta publicitaria de que estemos todos hablando del evento.

Eliud Kipchoge, se sabe, corrió la distancia veintiséis segundos por encima de las dos horas, esa barrera que obsesiona al universo del maratón. Si sólo se piensa en la distancia, estuvo dos minutos y medio por debajo del récord mundial que ostenta su compatriota Dennis Kimetto.

El tema es que un maratón no se resume en la distancia recorrida sino que también engloba las condiciones en las que esa distancia se recorre: clima, desnivel y complicaciones del terreno, competencia con otros atletas, resistencia del aire, entre otros (algunos de los requisitos para homologar un récord son que no haya entre el punto de largada y el de llegada una distancia superior al cincuenta por ciento del total de la carrera, y que el desnivel negativo no supere al metro por kilómetro).

 

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Lo de Monza fue un testeo de laboratorio a puertas abiertas, en el que se pudo observar que el límite no es netamente físico, y que, si un atleta excelentemente preparado y de grandes condiciones encuentra un día propicio, le limará segundos al récord actual hasta que esa barrera de las dos horas deje de ser una utopía y se convierta en realidad.

No habrá sido una competencia oficial ni tendrá validez alguna para los registros de la IAAF, y está más que claro que es una apuesta comercial fuerte de una mega corporación. Aún así, no deja de ser interesante lo propuesto por Nike, que le dio al maratón una visibilidad que pocas veces suele obtener. Movidas como estas, con el impacto que generan, ayudan a llevar a un deporte un par de pasos más adelante, siempre y cuando los atletas, entrenadores y federaciones sepan capitalizar este interés renovado en sus aptitudes.

Si sólo contaran las competencias en las que un récord es válido, entonces el maratón de Boston, que se corre desde 1897 y es uno de los más prestigiosos del mundo no tendría sentido alguno…

Ahora queda, para no romper el juguete nuevo, enfocarse en las competencias “de verdad” y ver si en Berlín ese récord que cada vez cae con mayor frecuencia será batido nuevamente. Si no es este año, será el siguiente, pero Kimetto tiene las horas contadas.

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