Recibe nuestra newsletter y enterate de todo en el mundo del deporte

PUBLICIDADE

¿Cómo es correr en el Polo norte?

Foto:Cristian Gorbea en la Maratón del Polo Norte

Quince mil kilómetros de distancia, más de treinta y dos horas de viaje (el itinerario arranca en Buenos Aires y pasa por Londres, Oslo y Svalbard antes de llegar al extremo norte del mundo). Una vez en destino, cuarenta y dos kilómetros sobre nieve blanda, con una temperatura de treinta y dos grados bajo cero. Aunque todo eso ya parezca demasiado, es sólo parte de la aventura que vivió Cristian Gorbea, que corrió la maratón del Polo Norte hace un par de semanas.

– ¿Es más difícil llegar hasta allá o correr la carrera?

– Para mí, correrla. Más que nada por la incertidumbre del clima. No sabés, ante una temperatura tan baja, cómo te va a afectar. No sabés si la ropa que llevás es adecuada o no. En este caso, el terreno era muy blando, lo que hacía que te hundieras en cada paso, y era como correr en arena. Eso fue lo más complicado. Después, la distancia más o menos la tenía, era un 42 lento, más de resistencia que de velocidad. Era de cabeza dura, más similar a una carrera larga de montaña que a una maratón de calle.

– Haber corrido en el Polo Sur, ¿te preparó para esta carrera? ¿O es todo muy diferente?

– Me preparó en términos de vestimenta. La verdad que me sirvió mucho toda la ropa que me llevé a la Antártida. Prácticamente me puse toda, y un poquito más, porque hace más frío que en el sur. El terreno era más áspero el del norte, porque era nieve blanda, mientras que en la Antártida era nieve pisada y podías correr. En cuanto a dificultad, era mayor en el Polo Norte, pero la carrera era más corta. Más frío y más complicado el terreno en el norte, pero menos distancia, en resumen.

– ¿Te exigen desde la organización algún tipo de experiencia previa para poder inscribirte?

– Sí, te piden un CV deportivo. No te dicen “mínimo tenés que tener tal cosa”, pero sí claramente que no fuera tu primera carrera. La idea es que, al menos, tengas experiencia previa en una maratón, no sólo de calle, sino en montaña.

Cristian Gorbea en el Polo Norte: un desafío riesgoso

– Desde afuera parece muy riesgoso todo, ¿es así?

– De afuera parece una locura cósmica, pero la organización tiene todo previsto. Era un circuito de cuatro kilómetros y pasás diez veces por la base. Tenés comida caliente, agua caliente, y había gente vigilándote todo el tiempo.

Al día siguiente de correr, eso sí, se abrió una grieta de un metro y medio de ancho en el medio del circuito. Esa grieta se abre en el término de una hora, más o menos, así que hay riesgo. No es como correr en la calle, pero es un riesgo, diría, acotado, y que depende mucho de tu instinto y de tu habilidad para detectar el frío malo. Por ejemplo: a algunos participantes les entró nieve en las zapatillas, eso se transformó en agua y después se congeló. Ahí está tu habilidad de frenar, secarte, cambiarte y no hacer locuras.

Correr entre pedazos de nada

– ¿Es cierto que el lugar por donde corrieron ya no existe?

– Sí, cada año la organización arma la plataforma por donde corremos, para la carrera y también con fines científicos, pero ese territorio está en permanente movimiento, es hielo que se desplaza. Fuimos al extremo norte, al punto más arriba del planeta, pero dos horas más tarde esa zona que era la que estaba más al norte ya se había corrido… Es raro y llamativo, pero es así.

– Por todas estas particularidades y obstáculos que plantea la carrera, no es tanto un evento de running, sino otra cosa…

– Exactamente. El running es una excusa para ir a un mundo helado, muy bello e inhóspito. La carrera es una porción de toda una aventura que va en un combo muy atractivo para el que le gusta algo así: viajar al Polo Norte en helicóptero, andar por Svalbard en moto de nieve, ver osos polares, hacer expediciones a pueblos perdidos, entrar a cuevas de hielo… Es todo un combo del que la frutilla es la carrera, pero hay un acompañamiento de eventos, experiencias e historias que lo hacen muy apetecible.

Hay mucho condimento exótico, y te cruzás con gente particular: yo hablé con un ruso que se iba en bicicleta al Polo Norte… ¡Son cincuenta kilómetros de nieve profunda! Otros se iban en trineo. Las historias suman, y conocés gente muy loca, al lado de la que soy normal.

– Muchas veces, no sé si es lo que te pasó a vos, uno necesita hacerse esa trampa de tener una excusa para justificar el viaje. En este caso sería la carrera…

– Es muy probable. Yo no sabía todo lo que venía en el combo. Imaginaba que había cosas muy copadas, pero nunca supe la dimensión y la magnitud de todo esto. Fue una sorpresa adicional. Lo que vi me conmovió más de lo que pensaba.

En qué se piensa cuando se corre en un paraíso blanco

– Durante la carrera, al tener un paisaje que parece monótono, ¿en qué pensás?

– Infinidad de cosas. Como en toda carrera larga, vas filosofando sobre la vida. Además, vas controlando tu temperatura, chequeando si te duele algo. A mí me dolían las lumbares al principio, así que trataba de concentrarme en otras cosas.

Vas pensando en que estás cumpliendo un sueño, en abrigarte o desabrigarte según las circunstancias. Y es cierto que parece monótono el circuito, pero cada vuelta era distinta, porque las pisadas de sesenta personas iban transformándolo. Además, ibas sabiendo a qué te enfrentabas y medías la energía en cada tramo.

– Esto de haber corrido lo más al sur y lo más al norte posible, ¿te lleva a plantearte desafíos así de grandes? ¿O tu próximo objetivo puede ser una carrera común?

– Mi próximo objetivo son las Fiestas Mayas del 25 de mayo… Pero es cierto lo que decís. Yo después de la Antártida me quedé medio sin saber qué hacer durante un tiempo. Es cumplir un sueño y después de eso te preguntás qué hacer. Por suerte, creo que hay tanta locura suelta en el mundo que siempre va a haber alguna oferta interesante. Ahora no tengo nada en mente.

– Es como darte una dosis alta de algo: comenzás a necesitar otra similar para equipararla y mantenerte motivado…

– Sí, con el tiempo voy buscando ofertas y hablando con la gente de cosas así. Yo cuando corrí en la Antártida no pensaba en el Polo Norte, pero se fueron dando las cosas así, en charlas, y terminé yendo. Confío en que con el devenir de las cosas vaya surgiendo el próximo proyecto.

– ¿Qué sentís que aprendés de vos en estos desafíos?

– A disfrutarla de una manera distinta. Obviamente, en esta no buscaba tiempos ni marcas, pero sí compenetrarme en ese paisaje, mirar al horizonte y descubrir qué había. Encontré formas muy locas de témpanos, el sol estaba siempre alto y eso te genera una cosa muy especial. Estás corriendo en un sueño.

Arranqué la carrera a las diez de la noche y terminé a las cuatro de la mañana, y era de día como a las dos de la tarde. Cuando terminé, no tenía idea del horario, porque para mí era de día, pero para mi cuerpo era de noche. Entrás en un estado de ensoñación, estás como en otra dimensión, fuera de tu mente ordinaria. Te vas transformando y conociéndote más al salir de tus límites.

 

Ver más

Mariana Allende, un talento que salió a la luz

Maratón del Polo Norte: Correr con 30 grados bajo cero

El video más impactante del hombre que corrió la milla más rápida en la Antártida

excluir cat: , desativa sempre post: nao, ativa sempre post: nao
¡Compartir por correo electrónico!