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Entrevista con Fiorella Chiappe, la máquina de batir récords

Foto:Fiorella Chiappe / Foto: Oscar Muñoz Bobadilla

Fiorella Chiappe Madsen corre unos 45 metros antes de enfrentarse a la primera de 10 vallas. Salta los 76 centímetros con destreza, sin aminorar la marcha. Llega a la última agotada, aunque no se note, y encara los últimos metros a una velocidad a la que ninguna mujer argentina fue capaz de llegar.

Es marzo de 2018 y en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, batió el récord nacional de atletas con menos de 23 años (u23) y absoluto en los 400 metros con vallas.

Un par de meses después, en julio y esta vez en Bélgica, mejoró ese récord (hoy en 55 segundos y 88 centésimas) y además se quedó con la mejor marca sudamericana u23 en su despedida de la categoría juvenil.

Como si fuera poco, también ostenta el récord nacional absoluto en heptatlón, disciplina que dejó hace un par de años.

¿Te sigue sorprendiendo batir récords o ya te acostumbraste?

No sé, siempre son una motivación para seguir mejorando. Los récords pueden ser de los demás o propios, y mi objetivo al empezar cada temporada es ser mejor que el año anterior y bajar mi mejor marca personal.

Estás batiendo tus propios récords, ¿sentís que competís sola?

Una tiene que poder competir sola, también. Obviamente que las competencias de nivel ayudan: mi mejor marca la hice en Bélgica, en el Nacional de allá, donde quedé segunda. Me ganó Hanne Claes.

Competir con las que te ganan siempre te da un plus porque te empujan un poco más allá de lo que vos creés que podés llegar a correr. Eso suma, por supuesto, pero también es importante saber competir sola, porque nosotras no dependemos del adversario, tenemos nuestro andarivel y el photo finish. No nos hace falta alguien más.

Una de las realidades más sólidas del atletismo argentino se forjó lejos de aquí: Fiorella nació hace 24 años en Barcelona, España, y se crió en Benicarló, en la Comunidad Valenciana. Fue allí donde comenzó a practicar deporte: hizo natación, handball y básquet, hasta que siguió a un grupo de amigos a una colonia de verano en la que enseñaban atletismo y nunca dejó este deporte.

A los 13 años sus padres, ambos argentinos, se separaron. La mayor parte de la familia se trasladó a Argentina, y en España quedaron el padre de Fiorella y su hermana.

Por eso me siento de los dos lugares. Tuve que aprender a sentirme parte de Argentina, porque mis raíces están en España, fue un camino de buscarle el significado a ser argentina. No puedo sentirme más de un lugar que del otro, soy de los dos o de ninguno. Hoy quizá me siento más argentina, porque es donde tengo mi vida, mi familia y donde vivo. Pero no puedo olvidarme de mis raíces.

¿Fue un tema cuando tuviste que empezar a representar a Argentina?

No, ni lo dudé. Fue en 2012, en un Sudamericano Sub18 en Mendoza. Yo ya estaba entrenando, quería competir, y no me importaba para qué bandera hacerlo. Quería hacer lo que más me gustaba y no lo dudé ni un segundo, me nacionalicé argentina y comencé a competir.

Es algo de lo que no me arrepiento, la verdad que hoy para mí es un orgullo. Tengo ese sentido de pertenencia, que comparto con mis compañeros de equipo. Para mí es algo súper lindo viajar a competir y saber que mis compañeros tienen los mismos objetivos que los míos. Le tomé bastante cariño.

¿Fue difícil mudarte de país?

Sí, el desarraigo fue difícil. Es otra cultura, a pesar de que hablamos el mismo idioma. Las formas son diferentes, y tuve que adaptarme a otro modo de funcionar. Si bien fue difícil al principio, después lo pude transformar y capitalizar en algo bueno.

¿Cuánto tiempo estuviste extrañando?

Bastante. Los dos o tres primeros años fueron difíciles, además porque tenía a mi papá y a mi hermana allá. Pero después me acostumbré y logré ver el lado bueno de las cosas. Hoy miro atrás y sé que logré encontrar un equipo, hice amigos y pude ver ciertas cosas desde una perspectiva diferente: cosas que antes veía como algo negativo hoy las veo como positivas. Pude aprovechar todo de las experiencias, ver lo bueno y lo malo. Es un valor importante.

En esto de sacar las cosas buenas de lo malo, una vez dijiste que cuando algo no te sale bien o te lesionás, te motivás más en lugar de bajonearte…

Sí, obvio. De un error siempre se puede reflexionar y tratar de sacar algo bueno. Si siempre nos va bien, pareciera que no hay motivación o algo que mejorar. En cambio, cuando hay cosas que no van tan bien, en las que una puede seguir creciendo, siempre es una motivación.

Disciplinas

Del heptatlón, Fiorella pasó sin escalas a los 400 metros con vallas.

¿Extrañás disciplinas?

A veces, un poco. Salto en largo es algo que me gusta mucho, y lo extraño. Este año corrimos 800 metros, que es una prueba que me gusta, y espero en 2019 poder correr un par de veces más.

¿Por qué pasaste del heptatlón a los 400?

Me lo propuso mi entrenador en 2016. Los 400 con vallas es una prueba que me gusta mucho: rítmica, técnica, estratégica, explosiva. Sobre todo, el tema del ritmo con las vallas, tener que hacer una determinada cantidad de pasos entre vallas, tener una cadencia, un ritmo, una eficiencia energética óptima para llegar bien hasta la décima valla, que la pasás cuando ya venís muerta, es algo que me gusta mucho.

Entrené esa pretemporada de 2016 y me gustó tanto que decidí en el Sudamericano de mayores dedicarme solamente a esta prueba. Esta fue la segunda temporada que le dediqué exclusivamente a esta prueba.

¿Ya sentías, más allá de los gustos, que eras mejor en esta prueba que en las demás?

No sé, creo que hay que elegir, y en heptatlón los lanzamientos no eran mi fuerte. No sé si en esto es en lo que más me destaco, aunque evidentemente me va bien. Siento que es una prueba en la que puedo seguir creciendo y sumando experiencia. Eso me motiva mucho.

Vacaciones, ¿descanso?

La charla con Fiorella transcurre en un período de cese de entrenamientos, en medio de las fiestas, pocas semanas después de que la atleta se haya puesto al día con la facultad (estudia Profesorado de Educación Física) y antes de la puesta a punto para los objetivos de este año.

En vacaciones, ¿relajás, o seguís entrenando?

El descanso de no hacer nada ya lo tuve, fue de un mes y medio después de competir en el Sudamericano Sub23. En este transcurso de la pretemporada a veces tengo fines de semana o días específicos de descanso, porque las carreras son bastante fuertes. Ahí aprovecho para estar con mi familia o irme a la costa. Estoy entrenando, pero tengo más momentos de relax que durante el año, que es todo más rígido y estructurado.

Cuando tenés un mes y medio, ¿sentís la necesidad de hacer algo físico o estás tranquila?

Aprovecho para hacer otras cosas, pero es difícil encontrarme afuera de la faceta de deportista. Estoy tan acostumbrada a la rutina y a hacer lo mismo todos los días, que es bastante raro encontrarme fuera de eso. Lo ideal es que sea un descanso activo, con otras actividades, como nadar, por ejemplo.

Normalmente actividades sin impacto, porque entrenar todo el año tiene una exigencia para el cuerpo que hay que darle un poco de descanso. Ese mes y medio no hice mucho, aproveché para estar con mi familia y para tener tiempo para mí, también, para pensar en otras cosas, ir a clases y estudiar. Se siente la falta, no sé qué hacer. A mí la ansiedad de no entrenar me mata, necesito entrenar. Es algo que forma parte de mí.

El primer entrenamiento de la vuelta, ¿es como cuando sueltan un perro en la plaza y sale desaforado?

Sí, arranco ansiosa, con muchas ganas, y mi preparador físico me dice “bajá un cambio que recién estamos comenzando, tomatelo con calma, jugando”. Pero bueno, me tomo bastante en serio mis objetivos y realmente son cosas que tengo muchos deseos de lograr.

Me es difícil tomármelo como un juego. Es difícil estar relajada con tantos objetivos importantes el próximo año. Pero hay que ser paciente y no apurarse.

Cuando eras chica comenzaste como un juego, ¿esto sigue siendo divertido o ya no tanto?

Me divierte siempre, siento mucho placer al entrenar, pero me lo tomo muy en serio. Mucha gente me ha dicho que me ve seria entrenando, o con cara de culo, directamente… De afuera puede que parezca que no lo estoy pasando bien, pero por dentro sí siento una satisfacción enorme.

A veces sí, en un ambiente más distendido, en pretemporada, jodemos más. Pero cuando llego a la pista estoy enfocada en lo que quiero hacer, en mi objetivo. No entreno por entrenar, no lo hago porque sí. Siempre pienso que el día que me retire probablemente no entrene más, porque no le veo el sentido si no tengo una meta, un objetivo.

No puedo invertir esfuerzo porque sí. Por un lado esto es desinteresado, porque me hace bien, pero cuando llego a la pista sólo pienso en la meta. Trato de no perder el foco y la ambición. Pero siempre me divierto. Hay que ver qué es divertirse para cada uno…

Este año Fiorella competirá en marzo en el Grand Prix Sudamericano (en Concepción del Uruguay). En mayo llegará el turno del Sudamericano de mayores (en Lima, Perú). A finales de julio será momento de los Juegos Panamericanos (también en Lima).

Y en septiembre el Mundial de Atletismo (en Doha, Qatar), para lo que buscará durante el año la marca clasificatoria. En el medio, en junio, irá a España a competir en el final de la liga de clubes, representando al Barcelona.

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