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Iris Fernández, la primera maratonista argentina, 40 años después

Un objetivo que se cumplió incluso antes de ser planteado. Una distancia prohibida que se inauguró sin preparación. Una puerta que cedió sin que la tocaran y por donde Iris Fernández asomó para convertirse en la primera mujer argentina en correr un maratón.

El domingo 23 de septiembre de 1979, en un nuevo aniversario del día en que el Congreso Nacional promulgara la ley que permite el voto femenino, la patria deportiva enfocaba hacia el estadio Monumental. Esa tarde el superclásico quedaría empatado 1 a 1, con goles de Carlos Randazzo (hincha de River, jugador de Boca) y Daniel Passarella (hincha de Boca, jugador de River).

Horas antes, en la tarde alemana, Iris Fernández culminó por primera vez en su vida una carrera de 42.195 metros. Al ser la primera mujer del país en conseguirlo, su marca de 2h58m31s fue también récord nacional.

Uno de los pocos artículos periodísticos de la época que destacaron el logro de Iris, en La Prensa.

De 15 a 42 kilómetros en un mes

Desde 1967, cuando salteó la prohibición vigente y se convirtió en la primera mujer en correr con dorsal un maratón, en Boston, Kathrine Switzer se convirtió en modelo a seguir. Muchas mujeres se volcaron a este deporte por su figura.

Una vez retirada, siguió fomentando la inclusión femenina: fue contratada por la compañía Avon para organizar maratones alrededor del mundo, con el objetivo final de presionar para que la prueba fuera incluida en el programa olímpico.

En 1979, como parte de esta campaña, la filial argentina de Avon le comunicó a la Confederación Argentina de Atletismo que invitaría a correr el mes siguiente en Waldniel, Alemania, a una maratonista local. El tema es que tal cosa no existía, ya que a las mujeres sólo se les permitía participar en pruebas de medio fondo…

El selectivo decisivo

La CADA, sin embargo, decidió organizar un selectivo en Ezeiza, donde un puñado de atletas (“no recuerdo si éramos cuatro o cinco”, duda Iris) recorrieron veinte kilómetros para ganarse el viaje.

Iris Fernández
Iris Fernández

Iris Fernández fue la mejor, en una distancia que nunca antes había enfrentado: “Osvaldo Suárez, que estaba presente como veedor, me dijo ‘¡Con esto, bajás las tres horas en maratón!’, pero mi entrenador trataba de calmarme, porque yo nunca corrí tanto. Lo máximo había sido algún fondo de quince kilómetros; es más: veía a los maratonistas y pensaba que nunca correría una distancia así”, recuerda.

A los 33 años, Iris llevaba 16 dedicándose al atletismo. En ese tiempo, fue pionera de muchas distancias, como los 800 metros, los 1500 en pista o los 3000. También fue una de las primeras en correr carreras de calle, entonces vedadas para las mujeres.

Iris Fernández, con voz propia

– Había un prurito, decían que las mujeres no estábamos capacitadas para correr distancias largas… Era otro mundo. La gente en general no hacía deportes. Correr era más gente que miraba, muchos observadores, y no tantos participantes.

Iris Fernández, lista para hacer historia
Iris Fernández, lista para hacer historia

Waldniel, un pueblo más chico que un maratón

Con sólo once mil habitantes (la cantidad de inscriptos que suele haber en el maratón de Buenos Aires), Waldniel forma parte del municipio de Schwalmstal, a 15 kilómetros de la frontera con Holanda y a 40 de Dusseldorf.

La superficie total de Schwalmstal es de 48,11 kilómetros cuadrados. Por ello, el maratón Avon de 1979 consistió de cuatro vueltas a un circuito de diez kilómetros que rodeaba al pueblo, más una vuelta corta que completaba la distancia. Iris Fernández llegó al lugar una semana antes de la prueba.

– Estuve mucho con Switzer. Ella me acompañaba a trotar algunos días, y yo la acompañaba con el tema de la organización. Veía cómo organizaban los helicópteros, los puestos de abastecimiento, todo. A mucha gente no le gustó que se haya hecho en un pueblo chiquito, pero a mí sí. Largamos a la tarde, estaba lindo, con catorce o quince grados. Una temperatura ideal. Era alrededor de un bosque, así que teníamos oxígeno. El lugar, bárbaro. Pasabas por distintos lugares, había vacas pastando. Era campo y bosque, muy lindo como experiencia. 

– Con todos los especialistas de la época diciendo que la mujer no estaba apta para correr esta distancia, ¿no te daba miedo?

– No, yo no soy temerosa. Me fui demostrando a mí misma que todo eso eran prejuicios. Me gustaba también ser la primera, porque fui pionera en las carreras de calle de Buenos Aires. En muchas localidades del interior del país me invitaban para mostrar que había una mujer, un bicho raro, que corría distancias más largas que 100 y 200 metros en pista. A veces hablaba con otras chicas y les decía que lo intentaran. Siempre incentivé a que las demás lo hicieran. ¿Por qué no lo vas a hacer? ¿Por qué te vas a fijar vos límites mentales? Si yo me hubiera fijado límites a priori, no hubiera hecho jamás deporte. Yo soy perseverante, muy perseverante.

– ¿Cómo te sentiste en la carrera?

La verdad, no fue tan difícil. Me imaginaba un monstruo, tenía prejuicios aunque quisiera no tenerlos. Interiormente, pensaba en lo que me habían dicho, el muro y todo eso. Sufrí algo, no lo voy a negar, pero me acuerdo que cuando llegué al kilómetro cuarenta pensé “¿Me faltan nada más que dos?”. Que fueran vueltas para mí era ideal, porque yo estaba acostumbrada a eso. A mí me daba terror salir en un lado y no saber dónde llegaba. Para mí mentalmente, porque la distancia es la misma, era diferente. Me dio una alegría en el kilómetro cuarenta… En los últimos quinientos metros levanté el ritmo, porque ya estaba. Y pensé que no había sido tan difícil, a pesar de que perdí cinco kilos en la carrera.

Lo que sí me complicó fue un calzado especial que me compré en Alemania, porque no tenía. Por mi forma de correr en pista, con la puntera, me quedaron los dedos machucados y los pies destrozados. Una vez que me descalcé, no me pude volver a calzar. Pero tenía una alegría tan grande que, ahora que la estoy rememorando, realmente me emociona. Cuando terminé, me dije “Si yo soy capaz de hacer esto, soy capaz de hacer cualquier cosa”. No tenía entrenamiento, fue como una aventura.

La clasificación de Waldniel. Iris, 36ª.

Maratón, una relación fugaz

En toda su vida, Iris Fernández corrió nada más que tres maratones, de las cuales completó dos y sólo disfrutó la primera. En 1980, Avon volvió a invitarla, esta vez a Londres. Cegada por su primera experiencia, subestimó a la distancia y pagó las consecuencias: abandonó deshidratada, después de haber corrido más de treinta kilómetros a un ritmo superior al que debía.

En 1983, otra vez junto a Avon, corrió en Los Ángeles: en un mal momento personal, la carrera no fue la excepción. Apuntaba a bajar las tres horas, pero se descompuso antes de la mitad de la prueba y llegó simplemente para cumplir.

– En el avión de vuelta, me dije “Se acabaron las competencias para mí, ya son muchos años”.

– ¿Sentís que se te recuerda más por ese maratón que por el resto de tu carrera?

– Sí, y creo que hice cosas más importantes en media distancia. Hice marcas en su momento, con pistas de tierra, o lugares inadecuados, que tenían gran valor. Si las comparabas con los récords del mundo, sobre todo en 1500 metros, eran de mayor valía. Pero el maratón, como los 100 metros, tienen una épica especial. La media distancia, no. Es lo que percibe el otro.

– ¿Qué lugar le das vos?

– Yo fui corredora de medio fondo. Le doy importancia, sí, pero no se me ocurriría ponerme a entrenar maratón. Yo dejé de competir internacionalmente como federada, completé mi preparación como entrenadora, y volví como veterana corriendo media distancia. Nunca maratón. Mi mente volvió a lo que pensaba muchos años antes, eso de “Yo jamás correría un maratón”.

-Lo hice y no estoy arrepentida, al contrario, pero me causó más placer correr medio fondo. Yo no quiero ser modelo ni ejemplo de nada. Hice las cosas por mí. Cuando ya no me causó placer, no lo hice más. Sí creo que las experiencias les pueden servir a otros, y creo que a muchas mujeres les sirvió ver que una mujer lo pudo hacer. Quizá se hicieron el mismo planteo que me hice yo: “Si lo hacen otras, ¿por qué no lo voy a hacer yo?”. Hay gente a la que le gusta correr maratón. Yo lo hice como un desafío, no era el sueño de mi vida.

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