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Sergio Gustavo Pereyra: Fuerza natural

Foto:Sergio Gustavo Pereyra, albañil y campeón

En el sur neuquino, de chico, Sergio arreaba los animales de su abuela en la montaña. Corría para subir y, sobre todo, corría para bajar. “Lo que me gustaba era subir a la montaña y tirarme en las bajadas. Era un juego. Subía para joder, nomás, y me tiraba para abajo”, cuenta con la simpleza que lo caracteriza.

El atleta de 23 años, que se prepara para competir por tercer año consecutivo en el Mundial de Ultra Trail (la edición 2018 será el 12 de mayo en Penyagolosa, España), se inició con ese entrenamiento involuntario, que dejó información cargada en sus piernas, esperando el momento de ser requerida. “Tenés condiciones”, le dijeron en el secundario, y ahí se decidió a experimentar su potencial.

Esta experimentación se ve interrumpida por una rutina alejada del deporte, por necesidad, que desde los 12 años lo tiene inmerso en el mundo laboral. Sus días como albañil arrancan temprano y lo llevan por varias horas a la obra que le toque en suerte. Recién al final de la jornada sale a sumar kilómetros, siguiendo una planificación que lleva detallada en cuadernos que fue armando de acuerdo a su experiencia en carreras anteriores.

 

Sergio Gustavo Pereyra, carne a la parrilla y café sin firuletes

La nutrición diaria también dista de la que se recomienda para un atleta de elite: un café a la mañana, carne a la parrilla al mediodía, otro café a la tarde, y recién a la noche un plato algo más elaborado. “Sábados y domingos como mejor en casa y descanso bien. De lunes a viernes, como bien solamente a la noche”, reconoce.

Sin embargo, su rendimiento no merma. Él asegura que tampoco baja cuando no puede entrenarse con normalidad: “Puedo estar tranquilamente un mes o dos sin correr, después vuelvo y te corro al mismo nivel en el que estaba. Tal vez uno o dos minutos más lento, pero no pierdo tanto. Puedo quedarme sin entrenar un mes y estoy lo más bien. Por ahí hago una semanita de trabajo medio tranquilo y ya empiezo a tocar los mismos ritmos en los que estaba antes”.

– ¿Por qué creés que se da eso?

– No sé, tal vez por las condiciones que tengo.

– ¿No pensás que si hubieras podido dedicarle más tiempo al entrenamiento y al descanso rendirías mejor?

– Creo que sí, todavía no he llegado a mi techo y me falta muchísimo para eso. Si le pudiera dedicar más tiempo, estaría en un nivel mucho mejor, lo que pasa es que es difícil conseguir una ayuda y dedicarme solamente a entrenar.

Falta de apoyo

La alegría que sintió con cada clasificación mundial conseguida se vio empañada por el problema que la obtención de la plaza trae consigo: conseguir el dinero para pagar pasajes y estadía, y para solventar los días sin trabajo que implique el viaje. Esa ausencia de parte de las entidades que administran al deporte lo lastima, lo enoja y lo pone en pie de lucha. Al hablar de este tema es cuando más se extiende.

– ¿Tomás al deporte como un trabajo?

– Por ahí en las carreras importantes, sí, porque sé que tengo que entrenar bien. Pero tampoco puedo vivir de esto, porque son pocas las carreras que te dan buena plata. Cuando pensaba en ser algún día un deportista siempre deseé hacerlo lo mejor posible para subir y no estar estancado todo el tiempo. Entrenar y no mejorar no tiene sentido.

– Pero, al no haber plata, no es ese el motivo por el que corrés…

– No, corro porque me gusta. En las carreras salgo más bien perdiendo, porque tengo que pagarme los viajes, la estadía, y es todo un gasto. Al corredor debería quedarle plata para poder vivir de esto, por eso entrena todos los días, para recuperar en una carrera todo el tiempo y esfuerzo invertidos, pero bueno… Por lo menos ahora los sponsors me ayudan mucho con la indumentaria, pero falta la parte económica.

– ¿Tuviste que dejar de lado carreras porque no te alcanzaba para ir?

– Sí, cuando empecé a correr. También viajé a carreras con lo justo, sólo con lo que llevaba en los bolsillos, y para volver a casa tenía que pedirle prestado a algún otro corredor. He hecho muchos viajes así. Y lo hice porque me gusta. A veces llevaba más plata y me la tenía que gastar toda en comida, hospedaje y todo lo demás.

– Cuando viajás a una carrera, ¿calculás el posible premio?

– Me ha pasado, en alguna carrera, que no me den nada. Y me da bronca, porque hacés un carrerón y, al fin y al cabo, te dan un pedazo de vidrio y listo, ese es tu premio. Son muy pocos los organizadores de carreras que te dan un buen premio en efectivo. Afuera sí es otra cosa. Ahora fui a Pacifik Trail, siento que es la primera vez que me tratan bien, como a un corredor.

– ¿La primera vez?

– Sí, como se debe tratar realmente a un corredor. Acá, en Argentina, es difícil. La mayoría de los organizadores hacen plata gracias a los corredores, pero para hacer una buena premiación a los ganadores consideran que no se lo merecen. Así crecen como empresas. 

En Pacifik Trail me fueron a buscar al aeropuerto, me llevaron al hotel, de ahí a un restaurante, y así todo el tiempo. No me dejaban solo. Nada que ver con lo que me pasa acá. Varias veces traté de dejar de correr, pero retrocedí y vi todo lo que he logrado en tan poco tiempo, que para un corredor es muy difícil. Gané muchas carreras, y eso me hace ser más fuerte.

 

Y esas ganas de colgar las zapatillas…

– ¿Qué te hacía dar ganas de dejar?

– Hay muchos problemas. El año pasado tuve muchos líos con la CADA, que me quiso dejar afuera del mundial corto sin respetar las reglas. Yo tengo problemas porque digo las cosas como son y a ellos no les gusta. Simplemente quisieron meter gente que hablara bien de ellos. Es como todo: si sos amiguito, está todo bien; si no, no.

– A pesar de eso fuiste a dos mundiales

– Sí, al mundial largo, que estaba clasificado por ser campeón argentino. Este año de nuevo fui campeón argentino y voy al mundial. Tal vez sea mi último mundial, porque la CADA no le da un mango al corredor, que se tiene que pagar todo. Es la bronca que me da cuando veo otros ejemplos: los españoles tienen todo pago, los peruanos también, y lo único de lo que se tienen que encargar es entrenar. Acá es así, el deportista individual se las tiene que rebuscar como puede.

– Te queda el orgullo de ser parte, pero con un gusto feo…

– Sí, porque tengo que ver cómo junto la plata para ir a cada mundial. El corredor se tendría que dedicar solamente a entrenar y que la CADA te ponga lo demás, pero bueno, nunca es así. Scarpín se echa la plata al bolsillo y los corredores que se las arreglen… Pasó con corredores de montaña y también con los de calle, que cuando tienen que ir afuera ponen plata ellos. Le pasó a Federico Bruno y a los mejores corredores, por eso él decidió irse a vivir a España.

– ¿Cómo conseguiste los fondos para los viajes anteriores?

– Hice rifas, bonos contribución, venta de empanadas, y el aporte de secretarías de deportes de provincias, pero siempre teniendo que gestionarlo varios meses antes para que salga. Es todo un problema.

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Gustos y objetivos

– ¿Qué carreras disfrutás más?

– Las carreras que se disfrutan son aquellas en donde sale todo bien, donde las sensaciones son buenas y me siento fuerte en todo momento. Me gustaría decir que disfruto los paisajes, pero te estaría mintiendo. Son pocas las veces que puedo disfrutarlo, realmente. La concentración es total y la mente y el cuerpo están en modo competición. El disfrute real es cuando paso el arco de llegada sabiendo que cumplí el objetivo: llegar primero.

– ¿Cómo manejás el sufrimiento?

– Momentos de sufrimiento en carrera hay muchos, pero por suerte se olvidan pronto. Nunca voy a olvidar el frío que pasé en la Ultra Aconcagua a los cuatro mil metros sobre el nivel del mar… Además del sufrimiento físico, sufre la mente, que es lo peor. Cuando el cuerpo no responde como quisiéramos es un golpe duro en una carrera.  

También la pasé mal en el Mundial de Ultra Trail en Portugal. Eran 85 kilómetros con muchísimo calor y yo no estoy acostumbrado a tanta temperatura bajo esa exigencia. Me descompuse y no pude continuar. Fue mi primer y único DNF (Did Not Finish, abandono). Lo recuerdo con mucho dolor, me costó sobreponerme porque no me lo esperaba. La buena noticia es que volví al año siguiente al Mundial, esta vez en Italia, y pude ser el primer latinoamericano en cruzar el arco. Siempre hay revancha

– ¿Hasta cuándo pensás correr?

– Tengo 23 años, llevo más de seis corriendo, y a veces pienso que ya lo he corrido todo. Pero sé que soy muy joven y puedo mejorar mi nivel mucho más. Aún no llegué a mi techo de rendimiento, sólo que el trabajo diario, la imposibilidad de entrenar como quisiera, o de viajar y competir con el alto nivel, me frenan el desarrollo.

Me encantaría seguir corriendo por muchos años,  pero la realidad es que eso dependerá de cómo me las arreglo con las obligaciones diarias y la manutención de mi familia.

– Fuiste papá hace cuatro meses, ¿cómo la estás llevando?

– Bien, estoy contento. Es lo que me da fuerzas para seguir. Le dedico las carreras a mi hija, Sofía, y en el campeonato argentino que gané en San Martín de los Andes llegamos juntos. Me la pasaron en la llegada e hicimos los últimos cien metros los dos. Yo no soy muy de emocionarme, pero esta vez sí me pasó.

 

* Sergio sigue recaudando fondos para poder viajar al Mundial de Ultra Trail. Vende bonos contribución a $100, y el sorteo se realizará el 10 de abril. En la imagen de abajo, toda la información necesaria para ayudarlo a juntar el dinero para que corra en España representando a Argentina.

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