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“Correr es todo para mí”: una entrevista a Sofía Luna, ganadora en Mar del Plata

Foto:Sofía Luna, ganadora en Mar del Plata

Un flechazo, un encantamiento menos que fugaz, derivó en un amor para siempre. Cuando tenía 12 años, Sofía Luna estaba encandilada por un chico que practicaba atletismo y decidió comenzar a correr para acercarse a él. No lo logró, pero en el camino se encontró con algo mucho mejor: un modo de vida, una pasión.

La flamante ganadora de la Maratón de Mar del Plata, en su debut en la distancia, lleva la mitad de su vida corriendo y tiene a los Juegos Olímpicos entre ceja y ceja.

“Si no son estos, van a ser los próximos. Si no, los siguientes. Pero yo, cada vez que salgo a correr, pienso en estar en unos Juegos Olímpicos. Y creo que es posible. Es mi sueño más grande”, asegura convencida la marplatense, que desde hace mucho anhelaba vivir la experiencia de correr 42.195 metros.

¿Por qué tenías tantas ganas de correr esta distancia?

Siempre me destaqué en lo más largo que hubiera en mi categoría: tres mil, cinco mil, lo máximo que pudiera correr según mi edad. Leo Malgor, que me formó como atleta, me decía “yo creo que tu prueba más fuerte va a ser el maratón”. Me lo repitió muchas veces en todo mi crecimiento, y generó esa inquietud de ver qué me podía salir en la distancia. A mí me encanta correr, soy súper fondera.

¿Te puso ansiosa la cercanía del debut?

Estuve tranquila, en general. Obviamente, tenía días en la preparación, cuando me salían entrenamientos muy buenos, en los que decía “quiero competir ya”.

¿Cómo te sentiste durante la carrera? ¿La distancia fue lo que esperabas?

Me preparé tanto, y más psicológicamente, que pensé que iba a sufrir el triple de lo que sufrí. Porque cada vez que lo comentaba y decía “voy a correr en Mar del Plata”, me decían que no me convenía, por el circuito y el clima. Yo, si bien no tenía miedo porque estaba muy preparada, a veces me preguntaba “¿dónde me metí?”.

El plan con Leo fue salir súper tranquila, para llegar bien al kilómetro 30. “Quiero que llegues y me digas ‘Leo, quiero preparar otra maratón’”, me dijo. Así que fui tranquila. Al principio iba corriendo a 4m10s por kilómetro y sentía que iba trotando, porque en los fondos fue todo mucho más duro. Iba súper relajada. Fue una sorpresa para mí porque fue mejor de lo que esperaba. Podría haber hecho una mejor marca, pero igual estoy muy conforme con lo que hice.

El retorno

En un principio, la idea de Sofía y su equipo era debutar en la distancia en la Maratón de Milán, de donde recibió una invitación. Pero una fascitis plantar que se prolongó durante un año, y una inactividad que le hizo perder estado físico, la alejaron de su nivel y prefirió el plan más conservador de correr en su ciudad, donde el costo de un eventual abandono sería menor.

¿Cómo te pegó emocionalmente ese año de lesiones?

Se me juntó eso con que me separé. Estuve de novia muchos años y convivía, entonces se me juntaron muchas cosas y realmente de estado de ánimo no estuve muy bien. Yo soy una persona súper alegre y la verdad es que siempre lo transmito y trato de enfocarme en pensar positivo.

Me decía “tengo salud, mi familia está bien, ya voy a volver a correr”, y cosas así. De todas formas, creo que lo manejé muy bien. Lo único que hago de mi vida es correr y no poder hacerlo era terrible. Es algo que me encanta, no lo hago porque me pagan, sino porque me gusta. Hoy siento que estoy mucho más fuerte.

¿Suele ser así? Cuando alrededor las cosas no están tan bien, ¿se siente al momento de correr?

Sí, se recontra siente. Si es algo muy importante, influye. Aunque creo que, si no hubiese estado lesionada, si sólo hubiera tenido mi tema personal, no habría pasado nada. Si hubiera podido salir a correr, se me pasaba todo, porque correr es mi terapia. Es todo para mí. Pero no podía correr, y eso hizo que fuera un poco más duro. Hoy lo vivo de otra manera, estoy corriendo y, si me pasa algo, corro una hora, me cago a palos, y se me pasa. Vuelvo a mi casa relajada, lo demás pasa a un segundo plano.

¿Alguna vez dudaste en dejar el atletismo?

Me pasó muy pocas veces en mi vida. Cuando estuve lesionada, por ejemplo: un día intenté correr después de bastante tiempo y dije “no quiero correr más, no quiero pasar más por esto de empezar a hacerlo y volverme a casa caminando”. Estaba llorando, pero por dentro sabía que al día siguiente se me iba a pasar, que me iba a levantar otra vez para intentar seguir con la recuperación, porque tenía fe de que en algún momento se tenía que ir el dolor del cuerpo.

También dudé cuando era adolescente. Ahí tenés que decidir si salís todos los fines de semana, te emborrachás, comés cualquier cosa y te acostás tarde. O si los domingos te levantás a la mañana para hacer un fondo de 20 kilómetros. Entre los 15 y los 18 años es un poco difícil, tenés que dejar mucho de lado. En un momento viví algo con mis amigas, porque yo no iba a ningún cumpleaños, no me fui de viaje de egresados ni salía nunca, y decía “me gustaría tener un poco esa vida”.

Pero me di cuenta de que yo estuve en la selección desde muy chiquita, hacíamos concentraciones, tenía un sponsor, viajé afuera del país, y todo fue gracias al deporte. Si no hubiera hecho atletismo, todo eso no lo habría tenido, sería una chica más. Entonces, si bien se me cruzó por la cabeza, nunca dudé realmente de querer seguir en el deporte.

Redes y algo más

Su belleza encontró en Instagram una vidriera ideal donde ser observada por marcas que quieren asociarse a su perfil. Por esa vía, le llegaron propuestas para incursionar en el modelaje, y Sofía se animó a las pasarelas y a posar para campañas de indumentaria.

¿Cómo te llevás con esta oportunidad de trabajar como modelo?

Hay marcas a las que les importa la imagen de la deportista, porque cuando estoy en un evento de Sarkany, o de maquillajes, no soy una modelo normal: soy la que corre. No le tengo miedo al ridículo, porque no me considero una modelo ni una influencer. Si viene una marca y me paga o me regala cosas que son caras y que yo no me podría comprar, buenísimo. Soy una atleta que se divierte con esas cosas, pero lo que de verdad me gusta es salir a correr 20 kilómetros. Sí creo que soy una de las atletas que más se produce, o de las que más piensa en su imagen.

¿Qué relación tenés con la imagen y con tu cuerpo?

Y… una se crea una imagen que después hay que sostener. Yo uso mucho las redes sociales y siempre le digo a la gente que no todo lo que ve es así, porque a mí me ha pasado y lo vivo con gente que es un 10 en Instagram, pero la ves en persona y es sólo imagen. Estamos llenos de filtros en las aplicaciones. Yo creo que lo manejo bastante bien.

Obviamente, una a veces se vuelve esclava de su imagen: me di cuenta de que, si me sale mal el pelo, no subo la foto. Si me sale mal el short, tampoco. Y te volvés un poco esclava de eso. Lo importante es saber manejarlo y tratar de mostrarte lo más natural que sos, porque al final no es más que eso: un día las aplicaciones van a desaparecer y queda la persona.

Sofía Luna
Sofía Luna, entrenando

Sos muy activa en redes, ¿eso te distrajo de algún objetivo?

No, nunca. Lo manejo bien y me divierte mucho, porque lo único que recibo es buena onda, gente muy graciosa, y para mí es como una compañía. Vivo sola y me gusta esa soledad, pero también agarrar el teléfono y tener mensajes divertidos de personas que no conozco diciéndome cosas lindas sobre el deporte o contándome un poco de sus vidas.

Uso muchísimo el celular. Yo corro y no hago nada más, así que mi vida es eso y mostrar cosas en las redes. Igual, sólo muestro lo que quiero, y todo es real. Yo, si digo que corrí 20 kilómetros, es porque los corrí. Me gusta mostrarlo y a la gente la motiva, entonces es un plus.

Y las redes te permitieron ir a entrenar afuera del país…

Sí, porque mientras seguía lesionada y estaba algo desmotivada, veía lo que subía el entrenador español José Villacorta, que es un crack. Un día le escribí y me respondió “sos bienvenida, podés venir”. Ahí me motivé de nuevo, organicé todo, y mi vida dio un giro. Entrenando afuera conocés un montón de cosas más, te das cuenta de que son mejores no porque tengan tres piernas, sino porque son súper profesionales con lo que hacen. Y porque tienen todo: estábamos en un centro de alto rendimiento en el que llegabas de entrenar y tenías la máquina de hacer hielo, y tenías psicólogo, masajista… Aprendí muchísimo.

¿Te dan ganas de radicarte allá?

Siempre que voy, me quedo tres meses y con eso me alcanza. Si bien me gusta viajar, extraño mucho a Mar del Plata. No soy tampoco muy de la familia, sino bastante solitaria, pero mi lugar lo extraño. Cuando estoy viviendo en ciudades que no tienen mar, me siento un poco rara, necesito verlo. Acá, vivo cerca del mar, y todos los días voy un ratito a meter las piernas. Siento que tiene una energía que me transmite. Tiene mucha fuerza. Me encanta, es de mis cosas preferidas del mundo, tiene algo que me vuelve loca.

En lo que queda del año, Sofía Luna va a ir a Cachi para hacer una pretemporada con vistas a una media maratón en marzo (está definiendo si en Londres o Nueva York). El 31 de diciembre correrá la San Silvestre porteña, en febrero volverá a Cachi, y va a correr dos maratones durante 2019, una en el exterior y otra en Argentina.

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