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Calchaquí Trail: El backstage de una carrera con alma

“Cuando corro, lo hago por mí; cuando organizo, pienso en seiscientas personas que yo mandé al medio de la montaña”, aclara Natalia Suppa segundos después de que largaran los corredores de 42 y 75 kilómetros de la Calchaquí Trail, mientras maneja su camioneta velozmente hacia un punto del recorrido donde ella misma señalará a los competidores por dónde ir. Las marcas están colocadas y se ven claramente, pero Nati no deja detalle librado al azar.

Para esta, la tercera edición de la carrera que se lleva a cabo en la ciudad salteña de Cafayate, decidimos cambiar el foco de la cobertura: La visión del corredor la tienen cientos de personas; la del organizador, muy pocas. Así que allí fuimos, como una sombra de la líder de KAS, el grupo que primero fue running team (pionero en Salta) y luego se animó a crear carreras (entre Calchaquí y Sanlo Trail llevan cinco ediciones). Fue una jornada extenuante de más de veinte horas desde que comenzó el armado del arco de llegada a las tres de la mañana, hasta que se lo guardó, ya pasadas las once de la noche del domingo (y esto es sólo parte de un trabajo que comenzó cuatro meses antes y aún hoy continúa con el retiro de todas als marcas que quedaron en los cerros).

Existen muchas carreras a lo largo del calendario nacional (en trail y calle) que se limitan a cumplir con un cierto standard: No hay mucho para criticarles, responden a lo prometido con profesionalismo. Calchaquí Trail va más allá: Es una carrera con alma, con personalidad. Si bien es un trabajo en equipo (hay cerca de cincuenta personas colaborando), este espíritu es contagiado en gran parte por Natalia, una líder que, más allá del trajín, de las tensiones y responsabilidades, en ningún momento a lo largo de toda la jornada se vio sobrepasada ni le levantó la voz a absolutamente nadie.

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Largada 1

Temprano a la mañana, cuando en la plaza central de la ciudad suena la música de los bares y boliches cercanos y todavía no asoman los corredores, la organización ultima detalles de logística con la policía local. Al mismo tiempo, hay distribuidos en la montaña cinco equipos de dos personas que pasaron la noche allí y aguardan por competidores que tardarán muchas horas más en alcanzar esas posiciones. Apenas se largan las dos distancias mayores, comienza un ritmo frenético: Nati y otras siete personas corren hacia dos camionetas y se reparten en diferentes puntos del recorrido, algunos para dar indicaciones y otros para montar puestos de control e hidratación en zonas estratégicas. “¡Qué adrenalina, la puta madre!”, exclama Natalia, quien agrega: “Se disfruta cuando empiezan a llegar y todo fluye, mientras tanto es duro”.

Un rato después, estamos todos de vuelta en la plaza, donde habrá un par de horas de reposo activo: Desayunamos escuchando permanentemente las comunicaciones por radio de los demás puestos avisando del paso de los corredores, para cotejar que todo siga como corresponde.

Apenas pasadas las siete de la mañana, asoman los primeros atletas de las siguientes distancias (5, 10 y 21 kilómetros). A esa hora, desde uno de los puestos avisan que hay corredores denunciando que otros quitaron marcas en un tramo del recorrido, provocando que algunos se deterioraran. Automáticamente se coordinan acciones para acudir a los puntos críticos, mientras se reemplaza a la gente que se aboque a esa tarea en sus posiciones originales. “Cuando estás cansado y tenés que correr 300 metros de más, te enojás y la culpa pasa a ser del organizador, que no puso bien las marcas”, se resigna Natalia mientras intenta resolver la situación. Al final, se trataría de una falsa alarma.

Largada 2

Natalia Suppa y el abrazo con una corredora
Natalia Suppa y el abrazo con una corredora

Se demora unos minutos el comienzo de las tres distancias menores por el personal dedicado a esclarecer el asunto de las marcas. Mientras se mueve por la plaza, Nati recibe saludos y palabras de aliento que dvuelve con sonrisas y algún que otro abrazo. También recibe ofrecimientos de ayuda: Son amigos, familiares y conocidos, algunos de los cuales terminan colaborando con tareas menores para aliviar la carga del staff. Hay una energía positiva, de camaradería, que se respira: Calchaquí Trail somos un poco todos, y casi todos los presentes saben del esfuerzo de la gente de KAS por ofrecer un producto de calidad recibiendo a cambio poco más que la satisfacción de haberlo hecho (y nada menos que eso). No hay nadie, ni siquiera su directora, que tenga a KAS como su fuente de ingresos principal. La carrera se solventa con las cuotas que durante el año pagan los miembros del running team y con el valor de las inscripciones. Las ganancias son escasas y se reinvierten para que la siguiente edición sea aún mejor: Compra de radios, equipamiento, pago de cánones en distintos puntos del recorrido para evitar conflictos (incluyendo a un lugareño que asegura ser el dueño de todo un cerro…).

Después de esta segunda largada, se repite la escena de la anterior, con las corridas a las camionetas y la distribución en diferentes puntos del recorrido. Cerca del kilómetro cuatro se detiene Natalia a señalar a los corredores por dónde ir. Todo el que la reconoce la saluda e intenta chocar sus palmas con las de ella. Cuando pasan casi todos y queda sólo una competidora, se produce este diálogo entre ella y Natalia.

 – Última, pero llego.

– ¿Y cuál es el problema? Mismo arco, misma medalla, mismo recorrido que todos. Disfrute nomás.

Durante el resto de la jornada, la comunicación por radio con todos los puestos de control para cotejar el paso de los corredores y consultar novedades será constante. Al mismo tiempo, Natalia va de la plaza a algún puesto permanentemente. Más de una vez subimos a la montaña para asistir en la hidratación y alimentación a los atletas, que también reciben aliento permanente. Algunos, pocos teniendo en cuenta el promedio habitual de abandonos, considera que el esfuerzo fue suficiente y hay que evacuarlo.

No son muchas las experiencias previas de este grupo de trabajo, pero las cuatro carreras organizadas anteriormente les dieron fluidez y autonomía a sus integrantes para resolver cuestiones. Natalia es la que tiene la última palabra, pero delega y confía en su equipo. Es asombroso ver que en medio de la gran responsabilidad y la jornada extenuante no haya habido un solo roce ni desencuentro entre ella y los demás ni tampoco entre los otros entre sí. Y es literal: No hubo pocas discusiones, sino directamente ninguna.

Cuando terminaron las tres distancias más cortas y llegaron casi todos los corredores de 42 kilómetros, sólo había en carrera un par de decenas de competidores. Con una oreja en las radios para chequear novedades, la tensión bajó al mínimo y el grueso del equipo se instaló en la plaza para llevar a cabo la premiación y recibir agradecimientos y felicitaciones de cientos de personas. Ya lo dijo Paul McCartney en The End: “Al final, el amor que recibes es igual al amor que creaste”.

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