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Rory Bosio: La campeona que no compite, juega

Foto:Rory Bosio, en entrevista exclusiva para atletas.info

A los ocho años corrió por primera vez, en pista, y lo odió. Su relación de amor con el running se forjaría un par de años más tarde, y sólo gracias a la combinación con la montaña. Allí, en medio de la naturaleza, Rory Bosio encontró el aire y la libertad que necesitaba para escapar de situaciones angustiantes y acercarse a una mejor versión personal.

Dos veces ganadora de la mítica Ultra Trail du Mont Blanc (donde además marcó récord de circuito y se convirtió en la primera mujer en meterse en el top 10 de la clasificación general), es una atleta singular: no se define por sus victorias, ni siquiera por su espíritu competitivo. Ella busca experiencias.

De paso por Argentina, donde vino para correr (y ganar) en la The North Face Endurance Challenge La Cumbrecita, charló con atletas.info.

– ¿Qué te motivó a comenzar a correr?

Truckee, el pueblo de donde vengo, está rodeado por montañas, y todo el mundo corre. Mi mamá corre mucho y muy bien. Y mi vecina también corre ultras, al punto que su papá, el doctor Bill Vaughan, creó la marca de geles GU para ayudarla. Comencé cuando era muy chica, a los 10 años, y mi primera ultra fue a los 21 años. No me gusta correr en la pista ni en el pavimento. Solamente en las montañas.

– Al comienzo imagino que era un juego, ¿cuánto de eso se mantiene?

– Sigue siéndolo. Yo no soy competitiva por naturaleza, no es lo que me mueve. Correr es mi vida, las carreras no. No lo veo como mi profesión. Está bien por mí si no corro nunca más una carrera, no me importa. Pero voy a seguir corriendo siempre.

– ¿Es cierto que no seguís planes de entrenamiento?

– Sí, es verdad. No tengo entrenador, ni siquiera un reloj. Tuve entrenador cuando comencé en las ultras, pero él no me quiso más como cliente porque yo no usaba GPS ni nada para controlar mis entrenamientos, y no seguía con mucha precisión sus indicaciones.

– ¿Y cómo te preparás para cada carrera?

Escucho a mi cuerpo. Mi entrenamiento es intuitivo: si un día siento que necesito correr rápido, y puedo, lo hago; si estoy cansada, corro más despacio. Trato de mantener un balance. Hace diez años que entreno sola, ya sé cómo hacerlo, me conozco. Mi cuerpo es mi reloj.

Rory Bosio, conectada con su cuerpo

– Esto de escuchar el propio cuerpo suena muy natural, pero la mayoría de la gente no logra ese nivel de conexión, ¿cómo se alcanza?

– Creo que es el paso del tiempo, los años que llevo haciendo esto. Estoy corriendo desde que tengo10, y entiendo mi cuerpo. Siempre estuve muy conectada con cómo corro y siento mi cuerpo.

Profesional, pero no del running

A diferencia de la mayoría de los animadores de las grandes carreras de trail por el mundo, Rory Bosio no se dedica de lleno al running, sino que mantiene un empleo fijo como enfermera en una unidad pediátrica de cuidados intensivos. En su trabajo observa realidades muy crueles, es testigo del dolor y la tristeza, y salir a correr es una forma de descansar de esa fuerte carga mental y psicológica.

– Correr es una forma de escapar de todo eso. En mi trabajo hay un alto nivel de estrés, veo muchos niños enfermos, cuidarlos es difícil. Es intenso. Correr es necesario para mi salud mental. Es más eso que algo físico. La distracción no es automática: recién cuando llevo tres horas corriendo mis preocupaciones comienzan a quedar detrás.

– Sin embargo, más de una vez dijiste que no querés dedicarte de lleno al running profesionalmente

– Es una cuestión de balance. No quiero correr y nada más, necesito trabajar. Para ganar dinero, pero también para dejar una huella. Corriendo, mi mente está solamente enfocada en mí, y necesito algo en lo que me enfoque también en los demás. Algo en lo que sienta que colabore. Es un trabajo para el ego, también. Supongo que debe ser raro ser un atleta profesional, porque tu trabajo sos vos mismo, y si algo va mal recibís toda la carga. Yo soy enfermera, y cuando corro no pongo en juego mi ego.

– ¿Puede que, al amar tanto al running, no le quieras dar la carga de que te mantenga económicamente?

– Sí, en parte. Como no soy profesional, si no corro carreras, igual voy a seguir corriendo. Correr es descubrirme a mí ahí afuera, en las montañas. Siento una conexión emocional con todo eso.

El placer de correr

– ¿Qué encontrás en la combinación del running y las montañas?

– Encuentro placer en la simpleza de moverme a través de la naturaleza transportada nada más que por mis pies. Me conecto con la tierra, incluso más que cuando ando en bici o esquío. Hay algo del movimiento de correr, de lo que pasa con mi cuerpo, que siento muy natural en las montañas. Eso me conecta con la tierra mejor que otras cosas.

– Apelás a mantras cuando se complica una carrera, ¿cuáles son?

– Son diferentes. A veces me digo “se puede, se puede”; a veces, nada. Realmente depende de la carrera. En lugares duros, en los que me siento mental y físicamente baja de energías, trato de concentrarme en una cosa, como llegar al siguiente puesto, o algo por el estilo. Concentrarte en lo que sea ayuda a dejar de lado el dolor. Un buen pensamiento al que recurro es decirme “amás esto, podés hacerlo”.

– Al final de una carrera o de un entrenamiento, ¿se aprende más si fue difícil?

– Sí, totalmente, porque aprendés qué tan lejos podés empujarte. Cuando algo viene fácil, no crecés. Experimentar la dificultad te da un mayor crecimiento personal.

– Aunque dijiste que podrías no correr más carreras y que no te importa ganarlas, ¿te dan orgullo tus resultados?

– Los resultados para mí no importan, en realidad. Sé que les importan a otras personas. Algunos odian perder más de lo que les gusta ganar. No me pasa eso. Si tengo una mala carrera, no me preocupo. Para mí lo más importante que obtengo de una carrera es la experiencia global, si siento alegría en el camino. Puedo ganar una carrera y no haberla pasado muy bien, por ejemplo.

Disfrutar del camino, y no del resultado

– ¿Cuando ganaste Mont-Blanc no te sentiste orgullosa?

– Me sentí orgullosa de terminarla, porque es muy dura. Pero la emoción vino más por el hecho de poder terminarla que por la posición. El primer año que la corrí fue cuarta, y probablemente la emoción haya sido más fuerte que cuando pude ganarla más adelante. Si puse todo en la carrera, ya está.

– ¿Hay un rincón con medallas y trofeos en tu casa?

– No, eso está en la casa de mis padres. A ellos sí les gusta contar mis triunfos y todo eso. Tienen una repisa sobre la chimenea con todas mis cosas. En mi casa no tengo nada.

– ¿Cuáles son las tres carreras que más disfrutaste?

– Mi primera carrera de cien millas, que fue Western States. Sigue siendo la que más recuerdo. No sabía si sería capaz de correr esa distancia, y por eso es especial. La segunda es The North Face Ultra Trail Lavaredo, en Dolomites. Y UTMB. Ahora agregaría a ese podio la que acabo de correr en Argentina.

– ¿Qué resultados tuviste en esas carreras?

– Creo que salí cuarta en Western States, gané Lavaredo, La Cumbrecita y también UTMB. Pero mi recuerdo no tiene que ver con eso, sino con que son muy bonitas.

– ¿Hasta cuándo te imaginás corriendo?

– Quiero correr cuando tenga 80 años. Una amiga tiene 56 años y corre ultras de 100 kilómetros o más. Es mi modelo a seguir, mi inspiración. Pero no necesito correr carreras, quiero seguir corriendo, simplemente.

– ¿Corrés todos los días?

– Seis días por semana. En invierno solamente esquío, hago esquí nórdico y skimo, como Kilian Jornet. Son tres meses en los que no corro.

– ¿Sentís abstinencia por no correr?

– Muy poquito. En invierno intento salir uno o dos días a la semana, quizá una hora cada vez. Me gusta optimizar las temporadas. Cuando es temporada de esquiar, quiero hacerlo. Hago lo que me dicte el terreno.

Conocé un poco mejor a Rory Bosio:

 

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