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Pensar en Ironman: Alvaro García Resta, en nombre del padre y del hijo

Está sentado, mira la pantalla del monitor y parece tranquilo, pero cuando comienza a hablar una energía extra recorre su cuerpo. Contagia optimismo con dosis de sabiduría que bien supo cultivar en su insistencia de largos entrenamientos en soledad y en los Ironman que supo disfrutar. Y los que vendrán, ya que se está preparando para el Ironman 70.3 de Buenos Aires, que será Campeonato Sudamericano de 70.3, y mira de reojo el Ironman de Mar del Plata, también Campeonato Sudamericano, de la distancia full.

Tal vez por esos motivos, podríamos afirmar que Álvaro García Resta es de los lugares donde corre en la ciudad. Buenos Aires para ser exactos. 

García Resta: arquitecto, docente, político, padre… en fin, Ironman

Tal vez por puro pasional y por querer siempre superar los límites, se desplaza del deporte a la arquitectura y de la docencia a la política. Un conversador ágil y siempre lúcido que tres veces por semana decide ir corriendo a la oficina para ganar tiempo, su recurso más preciado.

Él sabe mejor que nadie que no puede soltar el entrenamiento. Porque además de creer en el deporte, lo ejecuta. “Intento sostenerlo siempre porque mi trabajo se volvió demandante”, dice, con una sonrisa. La misma sonrisa que en un rato cuando llegue a casa le intentará contagiar a sus hijos Salvador y Manolo, y a María, su mujer.

 

 ¿Cómo hacés para administrar el tiempo?

La familia es la variable más importante de todas. Tres veces por semana vengo corriendo a la oficina. Mato ese tiempo ocioso de venir en auto. Son 10 ó 12 kilómetros, según el camino que agarre. Con eso mato la parte de pedestrismo corriendo al trabajo. Llego a la oficina, me ducho y ya estoy mejor predispuesto. Una de las cosas que siempre respeto desde que falleció mi papá es que solamente puedo entrenar a la mañana.

Una vez que entro al trabajo, jamás tengo la certeza de cuando termino. Mi trabajo es 24×7, y si tengo que entrenar de tarde muchas veces estoy cansado, eso te termina frustrando.

El entrenamiento es lo primero del día y me lo quiero asegurar. Al hacerlo de mañana llego con mucha más energía para empezar el día. Como sano. Él día que vengo corriendo, por más feo que esté el día, para mí es un día de sol.

De su papá, Álvaro dice poco, pero siente mucho. Ambos estaban entrenando juntos para la Maratón de Nueva York de 2008. En uno de esos entrenamientos, un paro cardíaco causó la muerte de su padre. La muerte, a veces tan jodida, lo expulsó a Álvaro a jamás mirar para atrás.

“No soy mucho de llorar y quizá es algo que tenga que cambiar. A medida que mi papá se aleja en el tiempo pierde nitidez y también adquiere más definición lo importante. Siempre digo que la gente que se va, vive conmigo. Porque me encuentro diciéndole a mi hijo cosas que él me decía. Ahí vivís. Mi viejo me decía que en la vida no hay atajos. Por eso lo siento vivo y no lloro su muerte”, dice, con emoción.

Fotos: Lobo Velar
Fotos: Lobo Velar

Historias de Ironman: en el nombre del padre   

¿Crees que la muerte de tu papá se debió a que siempre quiso superar los límites hasta que el cuerpo le dijo basta?

-Lo pienso siempre en términos emocionales. Para mí eso fue un aprendizaje. Valorar lo que tenés y saber que eso es lo mejor. Y claro, que hay que saber cuidarlo. No siempre el límite está más adelante. A veces el límite lo estás transitando y hay que saber disfrutarlo. A veces nuestro límite es ese, es no saber disfrutar.

Entonces es más fácil ir por otro que sentarte a festejar lo que tenés. El desafío grande para mí es transformar eso en un estilo de vida. El último Ironman de Nordelta lo corrí sin reloj, porque mi desafío se fue para el lado del disfrute. No estar pendiente del tiempo. El límite interno lo respetas a veces. El otro, el del reloj uno intenta superarlo todo el tiempo.

Me cuesta reconocerme los logros. Yo cuento a veces que corro Ironman y muchos me ven raro, como que es una locura. Yo les digo que si uno se prepara lo puede hacer. No hay ningún misterio. Tiene que ver con esto del límite. Uno siempre quiere más. Y no es por ambicioso sino porque uno cree que puede.

-Ironman, deportista, arquitecto, político, docente… ¿Cómo conectás todas tus pasiones?  

-Es que soy esa unión. El deporte en general y el Ironmann en particular es lo que aprendo y lo traslado a la política. La única forma de llegar sano en una competencia es superar adversidades y no frustrarse. Esa disciplina es aplicable a cualquiera de esas cosas.

También en contraparte, en la política son negociaciones permanentes. Esas negociaciones las tengo con mi cabeza en cada competencia. Ganar o perder, se ejercita. La toma de decisiones, se entrena. Este es un trabajo de todos los días tomar riesgos. En las carreras también tomás riesgos. Tenés que respetar un plan. Si vos corrés una Maratón, al ritmo que estás entrenado el muro no existe. Por eso hay que respetar el cuerpo.   

Con el objetivo del 70.3 de Nordelta y sin dejar de mirar al Ironman full de Mar del Plata, Álvaro encuentra en estos desafíos recursos necesarios para despertarse todas las mañanas. En movimiento su cabeza dispone de mejores proyectos.

Formando personalidades

  – ¿Qué le dirías a alguien acá en la oficina que no hace deportes y cómo lo incentivarías para que haga un Ironman?

-Le diría que el deporte, sin dudas, te alarga y te mejora la vida. No importa la vida que tengas. Y no importa el deporte. En nuestro caso, puede ser correr. Tengo tres operaciones de ligamentos cruzados. A los 27 años dejé de jugar al rugby. Cuando dije que iba a correr una maratón, todo el mundo me dijo que no iba a poder. Eso me motivó. Yo voy a decir que no puedo el día que lo haga y no pueda. En el mientras tanto puedo.

Después falleció mi viejo y claro que se hizo todo más cuesta arriba. El consejo es que el deporte no sólo hace bien a la salud, sino que forma a una persona. El foco, la atención, la tolerancia al aburrimiento, el sobreponerse, el entender que no hay atajos. Tomar un camino más corto es inviable para cualquier persona. Estos deportes solitarios casi que te anulan la trampa porque te la terminás haciendo a vos mismo.

La formación es continua y el deporte lo que tiene es una formación todos los días. Física y mental. Desde el aspecto mental, es lo que más te deja. Porque el aspecto físico, más tarde o más temprano, se va. El aspecto mental te prepara. Hoy encaro reuniones de enorme toma de riesgos con enorme seguridad en los cuales las negociaciones las hice antes. Entendí los problemas y encaré las soluciones, que muchas veces se me presentan cuando estoy corriendo.

Los lunes, el mejor día de la semana

– ¿Qué valores destacás en los demás a la hora de formar tu equipo de trabajo?

-Mi respuesta a todo eso es lunes. No entiendo a las personas que están esperando todo el tiempo para que llegue el viernes. Soy fanático de los lunes porque es como la realidad. Es el día espectacular si trabajás en lo que te gusta, si te apasiona el deporte, si llegás a tu casa desesperado por ver a tus hijos. Para la persona que se lo toma de otra manera el mundo es bien distinto.

A Álvaro el sector público y el Ironman le enseñaron algo que tiene que ver con los límites. Los límites de uno mismo y los límites de las cosas.

¿Dónde está el límite de algo, cuáles son los límites de uno mismo? Es una respuesta que Álvaro no tiene, pero que se encarga de navegar. “Me di cuenta cuando entré al sector público que los límites existían. Para hacer las leyes, por ejemplo. Es decir, la ley no es la ley porque es un mandato divino. Sino que, en algún momento, alguien en un momento determinado de la historia dijo las cosas son hasta acá”, dice, convencido.  

-Entonces, ¿cuál es la realidad de los límites?

-Cuando la realidad te enfrenta al límite, está quien lo respeta y no lo pone en crisis, y está quien ve por donde lo puede pasar. También está quien ve como lo puede correr. Entonces, sobrepasar el límite es caer en el ilícito. Sortear la ley es como algo que está mal. Asumirlo es casi como decir que somos seres limitados, así como lo plantea la propia palabra. Y está quien cuando se encuentra al límite lo que ve es un desafío que lo que puede hacer es correrlo.

Me parece que ahí hay una conexión entre todas las cosas que hago. Este trabajo de lo público, lo que trata es de transformar. En mi caso de transformar la ciudad, pero con mucho foco en ver cómo transformar la vida de la gente.

Y el Ironman siempre es negociar con tu propio límite. Nadie negocia cuando no hay límites. La negociación es por definición con el límite sobre el cual vamos a trabajar. Y me parece que en el Ironman uno no negocia al minuto de haber empezado, negociás en el final.

Ernesto Sábato decía siempre que con el paso del tiempo las ciudades tienden a ponerse más feas. ¿Qué te pasa con ese concepto al tener una conexión deportiva con la ciudad?

-Entiendo esa visión en ese momento. Hoy vivimos un momento en el cual es el momento de las ciudades. En un momento, la revolución industrial hizo que las ciudades se afeen. Se llenaron de autos, de fábricas. En el texto de Sábato todavía estamos viendo calles con autos.

Hoy el paradigma está cambiando. Cada día vemos más personas que se trasladan en bicicleta para optimizar el tiempo. La bici irrumpió en la movilidad de la gente. Buenos Aires es una ciudad plana. Si todos los días dispondríamos de días lindos, con mucho sol, creo que nadie elegiría el auto. Es necesario un cambio cultural.

Venimos de una generación que era despertarnos, buscar el auto en la cochera, vidrios cerrados, escuchando música, sin interactuar con nadie. Vivir siempre dentro de un techo era un símbolo de estatus. Hoy el símbolo de la buena vida es el otro y el tiempo. Volvemos al inicio, decido venir corriendo antes que venir en auto y tardo lo mismo.

Y del hijo…

-¿Cuál es tu Ironman ideal?

-Tengo una carrera trunca con mi padre. Por eso, el Ironman ideal me gustaría que sea con mi hijo. Él cree que soy un superhéroe. Y yo soy un estudioso de los superhéroes. Mi favorito es Superman. Siento que son esas personas que teniendo un poder que pueden hacer mal o bien, optan por hacer el bien. Qué es lo que cualquiera de nosotros podemos hacer desde nuestra función cada día. Vos desde el periodismo y yo desde la función pública.

Si estás en un lugar que podés cambiar la vida de la gente, lo tenés que hacer lo mejor que puedas. A mi hijo no le gusta que me vaya a entrenar, porque siempre quiere compartir tiempo conmigo. El año pasado no pude competir en el Ironman de Mar del Plata porque me lesioné. Pero hicimos una gira de hombres, nos fuimos con Salva solos ese fin de semana y fuimos a ver el Ironman desde afuera para ir metiéndolo en ese mundo. A él le gustan los deportes de equipo. Desde casa le fomento siempre la vida deportiva.

-¿Cuándo te das cuenta que tuviste un día productivo? ¿En qué momento?

-Tengo una costumbre que cuando me acuesto a la noche con Salva a dormir, tenemos las mejores conversaciones. Es ese momento que está todo en silencio y él te cuenta cosas. Yo tengo mucha conciencia de lo que hice en el día.

Hace tres años que ocupo este cargo y el jueves que viene tenemos la inauguración de la pileta olímpica donde se realizarán los Juegos Olímpicos. Salva piensa que yo hago casas, sabe que yo soy arquitecto. Entonces le cuento que hago plazas, y sus repreguntas me hacen pensar sobre mi día productivo. En el momento que me acuesto con él me doy cuenta de todo.

 

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